Santa Cruz, la tierra donde todo se simplifica, incluida la genética. En Santa Cruz, las razas son cinco: camba y colla; si es choquito, es gringo, aunque sea europeo. Si tiene los ojos rasgados, es chino, no importa si es japonés o coreano. Si tiene mucha barba, es árabe; no hay más.

El camba, ni viajando mucho, ni viviendo mil años en otro lugar, deja de ser camba. Nunca niega de dónde viene ni sus raíces y es muy simple: se siente orgulloso de su tierra. Busca dónde comer su comida, reconoce el “puej” en cualquier lugar del planeta y vive aclarando dónde queda Santa Cruz, aunque la gente no sepa dónde queda Bolivia.

En mi tierra, todo se simplifica, hasta las peleas se arreglan con un: “No le des bola”, frase maravillosa que calma cualquier rabia, baja la agresividad y vuelve a la realidad que el “otro” ni vale la pena el enojo.

El “burro”, se aplica para las cinco razas conocidas, no importa el color, el tamaño ni el título; con el “burro” caen todos, dependiendo de la burrada viene con más impulso; es como la casa del jabonero, el que no cae, resbala.

Ahora, el «no le des bola», no funciona, porque estamos con el corazón dolido, la casa quemada y buscando apoyo, intentando no llorar este 24 triste. Burreando a los responsables, guardando el dolor para el momento correcto y husmeando alternativas.

Tarde o temprano en Santa Cruz, el que no cae, resbala, nos necesita o nos busca, pero siempre queda sorprendido, medio pasmau y la mayoría de las veces, enamorado de esta tierra bella, indómita y rara, la tierra de El Dorado.

por Marianela Moreno Suárez.


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