Hace casi dos siglos, en 1837, Hans Christian Andersen publicó una fábula titulada El nuevo traje del emperador. Cuenta la historia que un monarca que se preocupaba mucho por su vestuario un día oyó que un par de artesanos podían fabricarle la tela más suave que pudiera imaginar, pero, además, con la sugestiva propiedad de que era invisible para los tontos o incapaces. Una vez que le anunciaran que estaba terminado (y sin querer admitir que no veía nada), el rey se puso el inexistente atuendo confeccionado con la tela para participar en un desfile y se paseó delante de todos en ropa interior hasta que un chico exclamó: “¡Pero si el rey está desnudo!”.

Evo Morales fue calificado como el redentor de los oprimidos, el indio constructor de un nuevo mundo, la reserva moral de la humanidad, el guerrero invencible contra el imperio, el protector de la Madre Tierra y la hoja milenaria… el que devolvió la dignidad a los indígenas, el que puso el satélite Tupac Katari en el espacio infinito, el que sacó a tres millones y medio de bolivianos de la extrema pobreza y desarrolló para el mundo el modelo económico social comunitario productivo, como ejemplo que nadie repite…

Evo Morales, la persona, el ser humano, el indio, el mestizo, el líder construido, el conductor de las masas que no practica el chacha warmi, nunca dio un discurso en su lengua, ni es líder territorial; Evo Morales que prebendalizó la administración pública, corrompió la justicia, dejó que crezca la violencia contra la mujer y sometió a la derecha separatista, neoliberal, k´ara, caray, culoblanco, terrateniente y vendepatria; ese Evo Morales, todo el tiempo, estuvo desnudo…

Lo vistió la Europa culposa por los 500 años de coloniaje y barbarie.

El primer mundo y sus organismos que necesitaban un indio gobernando un país en el tercer mundo.

Los constructores de la leyenda negra que necesitan pueblos pobres que no generen conflictos a la hora que las empresas les compren recursos naturales, agua y oxígeno que necesitan

Los fabricantes de consumo, tecnología, conocimiento patentado y que cotiza en la bolsa, y que no quieren entender la importancia que tiene el enseñarnos a pescar.

Y nosotros…

A Evo Morales lo vistieron los Arce, García Linera, Choquehuanca, que admiraron la creación que habían creado y la siguieron construyendo hasta donde alcanzaron los recursos para construir la última cancha sintética, con público de niñas para que se divierta…

La academia acrítica, satisfecha y perezosa que se encerró en la soberbia del saber burocrático…

Los líderes que se dejaron vencer por el discreto encanto de la burguesía, las cuotas de poder y la modorra de una Historia almidonada que ya fue borrada por el proceso de cambio y en la que no hay espacio para la Guerra del Chaco, la Revolución Nacional y el 10 de octubre de 1982.

Lo vistió la economía que hizo negocios, necesita divisas, no tiene combustible y para producir y exportar, debe esperar el cupo definido por el ministerio, que se suspenda el próximo bloqueo que ya está anunciado y en el que la competitividad y la inteligencia artificial son palabras subversivas.

Todos los bolivianos, que para sobrevivir, renunciamos a ser ciudadanos, nos volvimos súbditos y estamos viendo como se van nuestros jóvenes, lejos de este país tranca…

Para que esto no siga, ¡basta de líderes desnudos, sean de poncho, levita, tipoy, pollera o charreteras, y que con la única lengua en que nos entendamos, sea el de la decencia, la democracia, la justicia y la libertad!

Por Carlos Hugo Molina.

El rey está desnudo (2008)

Los artículos de opinión que lees hoy en La Prensa, suelen entregarse cuatro días antes. O sea que para hablar de la coyuntura, te la tienes que jugar. Porque en este país donde lo imposible no existe porque es vida cotidiana, nunca se sabe lo que puede pasar el minuto siguiente. Lo que escribiste ayer… vale sólo para ayer. Pero como el tal Referéndum Revocatorio vivido el domingo 10 de agosto en Bolivia fue siempre un absurdo (y millonario) capricho destinado a medir fuerzas entre un par de machos de izquierda y derecha, no era difícil afirmar, cuatro días antes de los hechos, … que nada iba a cambiar. Es más, nadie creía en la mínima posibilidad de un Evo conciliador en plena batalla, como fue su mensaje, luego de proclamarse vencedor. Bueno, yo sí creía que luego de la obviedad de los resultados, Evo buscaría, por lo menos en la palestra, otra cosa. Me lo dijo su gesto del 6 de agosto.

El Rey está desnudo y nadie se anima a decirle. Nadie de los suyos, claro. Suyos en el sentido de estrechos colaboradores remunerados de quienes sólo se oye lo que el Rey quiere. Porque están también los creyentes, los comprometidos, los simpatizantes y todos quienes apostaron por él sin ser suyos. Los opositores, obviamente sacarán ventaja de la estupidez colectiva del Rey y su corte. Nosotros, en cambio, los del medio (esos que ahora nos llamamos “los nuevos excluidos”), por lo menos hasta hoy, tendremos la libertad de decirle que está desnudo… y solo.

Prueba de lo primero son las confesiones de alcoba de Martín Sivak que en su libro Jefazo relata así las reuniones de gabinete: “En general, sus ministros son sumisos y le temen. En una reunión de gabinete pidió que lo criticaran. Nila Heredia (…) le dijo que muchas veces salía apresurado a hacer declaraciones y le reclamó que tuviera más en cuenta a los ministros. Evo se enojó y le contestó, pero Heredia subió en su consideración. Sabe que muchas veces decide automáticamente qué decir. Piensa en sus medidas en términos de impacto. Quizás sea un viejo eco sindical: sabe cómo ganar una asamblea. (…) Los ministros dóciles se sienten obligados a ejecutar ideas de Morales que no siempre comparten (…). El Presidente se enoja con los funcionarios cuando los ve despolitizados, haraganes y poco comprometidos. No siempre promueve la discusión.” (p.322)

Servidores obsequiosos del Rey, callan ¿Por qué? La mitad de la historia no la sé. Porque pensar que es sólo temor al “Tata Presidente” sería demasiada estupidez. La otra mitad es conjetura. Hay dos caminos posibles para intentar resolver el entuerto nacional que desde la óptica de la izquierda –y finalmente en los hechos- se mira en blanco y negro: hay dos polos opuestos y antagónicos; léase oriente-occidente, blancos-indios, ricos-pobres, dominantes-oprimidos. Un camino (im)posible es apostar por “la complementariedad de los opuestos”, es decir, hacer de tripas corazón para lograr el milagro de la convivencia no sólo pacífica sino fecunda, sabiéndonos profundamente distintos y asumiendo centenarias cuentas impagas. El otro camino es el inverso: “la agudización del conflicto”, la profundización de las diferencias. Llevar las cosas a tal extremo que la pita se rompa y dé lugar a la mentada revolución que permita el surgimiento de un nuevo orden. Esa es la apuesta de Álvaro García Linera, a quien Evo llama “maestro” –el que enseña, el que sabe, el ideólogo del MAS hoy-. Álvaro que con el perfil público suaviza el discurso de la confrontación y con el privado (ante el gobierno y los movimientos sociales) azuza el enfrentamiento con total entusiasmo y militancia.

O sea que quienes andamos deseando el milagro, tenemos pocas esperanzas, mientras el Rey siga en el juego con su corte, creyendo que lleva un magnífico traje sólo visible a sus ojos, ciego y sordo a las voces que no hacen bulto en su barra brava. (¿Qué habrá sido de la ministra Heredia, la única que se animó a delatar la desnudez del Rey?)

El Rey está desnudo y solo. Así se mostró el día de la fiesta nacional. Peor aún. Álvaro a su lado. Ese brazo derecho, ese sustituto de sí mismo y de la mujer que no tiene. Será que ando echando de menos alguna presencia femenina que apacigüe los ánimos, que cambie el carácter duro y macho de la postal presidencial. El caso es que el día del aniversario patrio no fue una fiesta sino un acto político cargado de tensión. Algo así como celebrar el día de la familia en pleno pleito de divorcio. Un evento finalmente inoportuno.

Una crisis evidenciada en la asistencia presidencial a la misa del Te Deum como quien no tiene dónde ir (porque Evo –y menos Álvaro- no cree en la Iglesia). Una crisis indudable en el discurso de Evo recitado/recortado a su mínima expresión. Un rostro presidencial que, a pesar del esfuerzo, dejó escapar un halo de incertidumbre, Tata Presidente: ¿Y si se está equivocando? Porque si lo que cuenta Sivak es cierto y el Presidente demanda a los suyos crítica –y verdad- y sólo escucha idolatrías… Por qué no creer –o desear- que Evo comience a sospechar que esta batalla es inútil, que desperdició miles de dólares en propaganda política sólo para ratificar las diferencias y que por tanto es posible pensar en cambiar de ruta… y de cortesanos.

por Cecilia Lanza / La Maja barata.


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