En la era de los algoritmos, la curiosidad parece una reliquia. Todo está diseñado para entregarnos respuestas sin preguntas, experiencias sin misterio. Este artículo es una invitación a desacelerar, a mirar sin urgencia y a recuperar el asombro como un modo de habitar el mundo. Porque sin asombro, la vida se vuelve automatismo. Y sin curiosidad, la cultura muere.
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