La democracia, que durante décadas fue sinónimo de progreso y estabilidad, enfrenta hoy un desgaste que no proviene solo de líderes autoritarios o de modelos externos, sino de una erosión interna que combina desconfianza, desigualdad, fragmentación tecnológica y una ciudadanía cada vez más desconectada del proyecto común.
Copia y pega esta URL en tu sitio WordPress para incrustarlo
Copia y pega este código en tu sitio para incrustarlo