En las grandes ciudades del siglo XXI, el éxito ha dejado de ser una experiencia íntima para convertirse en una puesta en escena constante. El consumo funciona como su principal ritual y la ansiedad como su costo emocional. Este fenómeno cultural redefine la vida urbana y la subjetividad contemporánea, donde la exigencia social y el ritmo frenético marcan el pulso de la ciudad.
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