¿Hay un deber de candidatear?

El panorama es hoy bastante prosaico; en lugar de ideas, tenemos ocurrencias, deseos muy elementales e inquietudes peregrinas. Cualquiera podría notar, si afinara un poco la mirada, cuántas falencias se multiplican por doquier. Pese a ello, según parece, cuando se comparte tal anhelo, no existe nadie sensato que sirva para contribuir a detener el proyecto.