Una agenda para la esperanza

En ese gesto aparentemente simple de anotar lo que “hay que hacer” se produce una operación cultural clave. El futuro se vuelve legible. Se lo fragmenta en horas, días, semanas. Se lo convierte en una superficie escrita. Anotar es una forma de apropiación, pues lo que está escrito parece más real, más exigente, más inevitable. La agenda no predice el futuro, pero lo prescribe.