Hoy martes 13, el día de “no te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes”. Una frase con sus aristas que vale la pena analizar.
Salir de casa es imposible. En cada esquina están bloqueando. Por lo que quedarse en casa es obligatorio. No para evitar a la mala suerte, sino porque los que dicen “representarnos”, nos joden con los bloqueos.
Casarse es sólo para los que pueden pagar una boda. Como esos que financian la suya durante dos días, con su sueldito mínimo nacional.
¿Y embarcarse? Punto aparte si es en BoA.
¿Nacer en Bolivia trae mala suerte? ¿O los bolivianos tenemos mala suerte? ¿O es un país que nació con mala estrella? Desglosemos un poquito. La experiencia social muestra a bolivianos sobresalientes, pero en otras partes del mundo.
En este territorio pasa algo. Y ese algo es una sociedad acostumbrada al desastre, promovida por “movimientos” que han buscado ser incluidos en las decisiones tomadas por distintos gobiernos. Pero, sucedió algo interesante. Esos mismos grupos fueron presa fácil del prebendalismo y de los privilegios de un gobierno masista dispuesto a tenerlos de “aliados”.
Esos aliados no dijeron ni pío cuando el precio de la gasolina, en el mercado negro, llegó a Bs 20. Ni defendió los derechos de los más pobres cuando éstos tuvieron que comprar fruta y verdura a precio de oro internacional.
La Central Obrera Boliviana (COB) que se autodenomina defensora de los más pobres junto a los sindicatos mineros, a las Federaciones del Trópico de Cochabamba, a los extractivistas de oro, y a los transportistas, ya no defienden a nadie. Son un cáncer sindical en el país.
Bolivia está gobernada por esa mafia y tiene esa mala suerte.
Esa mafia nunca ha defendido al ama de casa. Pero si la ha obligado a recorrer kilómetros para esquivar bloqueos. Esa mafia obliga a que los campesinos salgan a bloquear, y si no lo hacen, les queman los chacos, les quitan agua, o los multan. Cuando existen las condiciones, el boliviano es un tipo ejemplar. Sobran ejemplos en Virginia, Sao Paulo, Buenos Aires, Madrid o donde te digan que hay una tricolor, ahí hay un compatriota demostrando su talento.
¿Por qué Bolivia no puede ofrecer las mismas condiciones al talento que aquí emerge? ¿Estamos dispuestos a admitir que sufrimos del Síndrome de Estocolmo? ¿Qué normalizamos a la mafia sindicalista como un actor válido? ¿Qué vivimos como rehenes permanentes de sus caprichos?
A dos meses del gobierno de Rodrigo Paz, el primer round con “los compañeros”, parece declarar como victoriosa a esta mafia, que está feliz con la convulsión. Nuestra marca país es “crisis” como dice la película.
No hay una «fórmula mágica», para deshacerse de la mafia, sino un esfuerzo sostenido y coordinado para atacar sus finanzas, sus líderes y sus redes de apoyo, mientras se fortalece la legalidad del Estado.
No hay mala suerte, ni en martes, ni en otro día. Sólo malas decisiones que nos trajeron hasta aquí. Vivimos en una hermosa prisión, rodeada de montañas y selvas, pero rehén de los angurrientos de poder y los débiles de carácter que no saben usarlo.
Por Monica Briançon Messinger, periodista.
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