En una época que convirtió el descanso en tarea y el ocio en rendimiento encubierto, no hacer nada se volvió un gesto incómodo, casi culposo. El domingo, último santuario del tiempo improductivo, resiste como puede frente a la ansiedad de aprovecharlo todo.
Copia y pega esta URL en tu sitio WordPress para incrustarlo
Copia y pega este código en tu sitio para incrustarlo