Mi infancia, adolescencia, juventud y madurez se sucedieron en un país con partido único, bajo la voz de un solo líder clonado en su linaje. De niña pensaba que el presidente de Cuba era un rey y que, al rey, resultaba imposible sacarlo del trono. Llegué a creer que el culpable de que en Cuba no existiera la Navidad, no llegara Papá Noel y jamás cayera nieve era el “embargo norteamericano”.
Copia y pega esta URL en tu sitio WordPress para incrustarlo
Copia y pega este código en tu sitio para incrustarlo