Solo tres. Y ya hay gente nerviosa, opositores sudando frío y enemigos rezando para que todo salga mal. No porque les importe el país —no exageremos—, sino porque el éxito ajeno siempre resulta insoportable cuando uno vive del fracaso propio.

Rodrigo Paz Pereira llega a los tres meses de gobierno generando algo peligrosísimo en Bolivia: expectativa positiva. Esa que no se construye con TikToks histéricos, discursos inflamados ni nostalgia reciclada, sino con señales concretas. Tan concretas que incluso los que no votamos por él —sí, esos herejes democráticos— hoy lo defendemos. No por amor. Por evidencia. Y reconocer, aunque les arda, es de caballeros.

En estos tres meses pasó algo insólito: el dólar volvió a aparecer. Sí, apareció. No como leyenda urbana ni como billete clandestino escondido en cajones, sino en las calles, en la banca, en el sistema financiero. Los ahorros que habían quedado atrapados en la tragicomedia económica de la era Arce Catacora empezaron, lentamente, a respirar. El tipo de cambio dejó de ser un acto de fe y pasó a moverse de forma variable y realista, entre 8 y 9,5 bolivianos. Nada heroico. Nada épico. Simplemente normalidad. Y eso, en Bolivia, ya es revolución.

Tres meses también bastaron para que el presidente hiciera algo que parecía imposible: recuperar credibilidad externa. Organismos multilaterales, instituciones financieras internacionales, la Unión Europea y gobiernos del primer mundo volvieron a mirar a Bolivia sin carcajearse por lo bajo. Se comprometieron a colaborar, no por caridad, sino porque por primera vez en años alguien parece saber qué está haciendo. Sacarnos de la crisis heredada del MAS y del experimento fallido de Jeanine ya no suena a consigna vacía, sino a hoja de ruta.

En el plano interno, otro sacrilegio: los poderes del Estado comenzaron a comportarse como tales. Independientes, sí. Pero con una consigna básica y casi olvidada: apoyar lo que sume al país. No bloquear por deporte, no sabotear por cálculo, no extorsionar por costumbre. Tres meses donde la institucionalidad dejó de ser un chiste cruel y empezó a parecerse, aunque sea tímidamente, a una república funcional.

Claro que no fue gratis. Fueron tres meses de batallas duras, de operaciones políticas, de miserias disfrazadas de crítica constructiva. Tres meses donde Rodrigo no solo gobernó, sino que se consolidó como líder, hundiendo a quien se convirtió en su peor enemigo y arrancándole la careta al opositor profesional. Especial mención para Tuto Quiroga, ese opositor mediocre que confunde ego con estadismo y pasado con propuesta. La hipocresía, cuando queda expuesta, no necesita réplica: se autodestruye.

Y aquí viene lo más irritante para los detractores: los que no votamos por Rodrigo hoy somos sus mayores defensores. No porque nos haya comprado, sino porque vemos un camino claro, el único posible para enfrentar la idiotez, la ignorancia y la corrupción de un país enfermo de poder. Un país donde durante años se manejaron recursos públicos, justicia y Estado en beneficio propio, familiar y mafioso, mientras el colectivo social gritaba auxilio.

Tres meses alcanzaron para entender algo simple: esto no va de amigos o enemigos. Va de hacer lo correcto.

Por eso, señor Presidente: siga así. No desmaye. Acérquese a los mejores, vengan de donde vengan. No importa si trabajaron con opositores, si sobrevivieron a sistemas extorsionadores o si hoy solo buscan un espacio para demostrar su verdadero valor profesional. El país no necesita purismos idiotas. Necesita capacidad, seriedad y coraje.

Tres meses no hacen un milagro. Pero sí alcanzan para demostrar que el rumbo es el correcto. Y eso, en Bolivia, ya es muchísimo.

Por Alberto de Oliva Maya, escritor.

Desde que lanzamos Ideas Textuales, nuestro objetivo ha sido narrar reflexiones e historias que no salen en las noticias habituales.  

Este proyecto es independiente, sin auspiciantes políticos ni corporativos. Lo sostenemos  con nuestro tiempo, esfuerzo y una profunda convicción de compartir nuestras lecturas y escrituras.

Si este espacio te ha hecho reflexionar, te ha llegado, informado o inspirado, podés apoyarlo con un aporte voluntario.

Cada donación nos permite seguir escribiendo, investigar más a fondo y llegar a más personas con historias que valen la pena.


Descubre más desde Ideas Textuales®

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.