He dirigido 157 campañas en 12 países. Y te puedo decir algo con certeza: los candidatos no pierden elecciones el día de la votación. Las pierden semanas antes, en decisiones que parecían menores.Aquí están los 7 errores que veo repetirse una y otra y otra vez.

Lanzarte sin mensaje central 

En 1992, la campaña de Bill Clinton colgó un cartel en su war room que decía «The economy, stupid». No era un eslogan para el público. Era un recordatorio interno: si no puedes explicar en una oración por qué te postulas, tu equipo va a improvisar, tus voceros van a contradecirse y tu audiencia no va a poder repetir nada de lo que dijiste. He visto candidatos con equipos enormes, presupuesto millonario y cero claridad. El resultado siempre es el mismo: ruido sin dirección. Define tu propuesta de valor electoral antes de imprimir una sola calcomanía. Si no cabe en una oración, no está listo.

Hablar de ti en vez de ellos 

Tu maestría, tus años de experiencia, tu trayectoria impecable. Al votante le importa exactamente nada de eso. Un estudio de la Universidad de Stanford publicado en Political Psychology encontró que los mensajes centrados en las necesidades del electorado generan hasta 38% más retención que los mensajes centrados en las credenciales del candidato. La razón es simple: el cerebro humano filtra información por relevancia personal. Si no le estás hablando al votante sobre SU vida, te está ignorando aunque te esté mirando. Regla 80/20: 80% sobre sus problemas, 20% sobre ti. Transforma «tengo 15 años trabajando en educación» en «sé lo que necesitan sus hijos porque lo viví en el aula todos los días.»

Prometer todo a todos 

El candidato que quiere agradar a todos termina sin agradar a nadie. Esto no es opinión, es psicología cognitiva. El efecto de dilución, documentado por Nisbett, Zukier y Lemley en 1981, demuestra que cuando mezclas información fuerte con información débil, la percepción general se debilita. Aplicado a campaña: cuando prometes resolver seguridad, educación, salud, medio ambiente, infraestructura, empleo, cultura y deporte, el votante no piensa «qué candidato tan completo». Piensa «este no va a cumplir nada». Elige máximo tres batallas. Hazlas tuyas. Repítelas hasta que la gente las asocie automáticamente con tu nombre. La paradoja política es que entre más específico seas, más creíble te vuelves.

Atacar sin proponer 

Destruir al oponente es la parte fácil. Cualquier consultor mediocre puede armar una estrategia de demolición. El problema es que la negatividad constante agota al votante indeciso, que es exactamente el votante que necesitas. Construye la diferencia entre dos visiones y le da al elector razones para elegirte a ti, no solo para rechazar al rival.

Improvisar respuestas difíciles 

Las preguntas incómodas no son sorpresa. Son absolutamente predecibles. Tu pasado, tus contradicciones, tus flancos débiles: todo eso lo sabe tu oponente y lo sabe la prensa. Improvisar en esos momentos no es valentía, es negligencia. Lista las diez preguntas más incómodas que te pueden hacer. Escribe respuestas de máximo treinta segundos. Practica hasta que suenen naturales, no ensayadas. Los candidatos que he visto sobrevivir crisis mediáticas tenían todos algo en común: un libro de respuestas críticas preparado antes de que las preguntas llegaran.

Descuidar tu imagen visual 

Mehrabian lo demostró hace décadas: el 55% de la impresión que causas viene de tu lenguaje corporal, 38% del tono de voz y solo 7% de las palabras que dices. Antes de escuchar tu primera propuesta, la gente ya decidió si confía en ti o no. Grábate hablando. Analiza tu postura, tus manos, tu mirada. Define un código visual consistente. Tu imagen tiene que comunicar tres cosas: competencia, calidez y autenticidad. Si alguna falla, el mensaje no llega por más brillante que sea.

Mensajes inconsistentes 

Dices una cosa en el debate, otra en redes, otra en entrevistas y otra en territorio. Resultado: confusión y desconfianza. La repetición no es aburrimiento, es estrategia. Crea un manual de mensajes con tu lema central de máximo siete palabras, tres pilares temáticos que todo tu equipo domine, una lista de frases prohibidas y las historias aprobadas que puedes contar. Cuando todo tu ecosistema comunicacional dice lo mismo con las mismas palabras, el mensaje penetra. Cuando cada vocero improvisa, el mensaje se diluye. Estos siete errores no son teóricos. Los he visto destruir candidaturas con todo a favor. Y los he visto corregirse a tiempo en campañas que parecían perdidas. La diferencia nunca fue el presupuesto ni la popularidad inicial. Fue la disciplina estratégica.

Por Andrés Elías, estratega político ecuatoriano.

Desde que lanzamos Ideas Textuales, nuestro objetivo ha sido narrar reflexiones e historias que no salen en las noticias habituales.  

Este proyecto es independiente, sin auspiciantes políticos ni corporativos. Lo sostenemos  con nuestro tiempo, esfuerzo y una profunda convicción de compartir nuestras lecturas y escrituras.

Si este espacio te ha hecho reflexionar, te ha llegado, informado o inspirado, podés apoyarlo con un aporte voluntario.

Cada donación nos permite seguir escribiendo, investigar más a fondo y llegar a más personas con historias que valen la pena.

SUMATE AL CANAL DE WHATSAPP DE IDEAS TEXTUALES


Descubre más desde Ideas Textuales®

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.