Entre la evidencia científica y los rituales cotidianos, el ejercicio físico deja de ser una simple recomendación médica para convertirse en un relato cultural sobre la relación de movimiento y sanidad. En tiempos de sedentarismo y autoexigencia, mover el cuerpo no solo fortalece neuronas. Redefine nuestra manera de entender el bienestar, el progreso y los límites de lo humano.
La rutina diaria del ser humano puede leerse como una tensión constante entre reposo y movimiento. Históricamente para los pueblos cazadores-recolectores desplazarse, moverse, era condición de supervivencia. En sus antípodas, en las sociedades modernas, el sedentarismo se ha convertido en símbolo de progreso. En una entrevista para El País de España, el neurocientífico José Luis Trejo, hablando de esta dicotomía movimiento/sedentarismo, afirma que se soluciona considerando el cuerpo en movimiento como fuente de vida y el sedentarismo como amenaza de deterioro.
Trejo advierte que la inactividad prolongada activa rutas de deterioro en el cerebro, mientras que la actividad física incrementa la neurogénesis y actúa como antidepresivo natural. Culturalmente, la oposición entre movimiento y quietud da pie a una serie de estructuras binarias: vida/muerte, luz/oscuridad, orden/caos. El ejercicio aparece como ritual de regeneración, una práctica que no solo fortalece el cuerpo, sino que reordena el cosmos interior del individuo
Para la solución del sedentarismo, del estancamiento, algunos expertos han propuesto de los llamados snacks de ejercicio. Una solución creativa, de fácil aplicación, que trata de pequeñas pausas de movimiento durante la jornada. Puede ser subir escaleras, caminar unos minutos, bailar en la cocina. Estos gestos fragmentados recuerdan a los ritos menores que las sociedades tradicionales insertaban en la vida diaria, consistentes en pequeñas ofrendas, oraciones sagradas, cantos breves. La lógica es interrumpir la continuidad de la rutina para introducir momentos de quiebre. Instantes que protegen al individuo del mal del sedentarismo.
La neurociencia describe con precisión los efectos del ejercicio sobre el hipocampo y la cognición. Pero lo interesante es cómo esos datos se convierten en narraciones culturales. Decir que el ejercicio “nos hace más listos” es inscribirlo como elemento importante en la configuración cultural del mito del progreso. Decir que es “antidepresivo y ansiolítico” lo convierte en medicina, en remedio contra los males del progreso.
En definitiva, la relación ejercicio y cerebro revela la necesidad del equilibrio, la transmisión intergeneracional de beneficios y perjuicios, la transformación de la vida cotidiana en ritual. La neurociencia aporta datos, pero es la cultura la que los organiza en mitos. Si el sedentarismo es el nuevo demonio, el ejercicio es la nueva liturgia.
Por Mauricio Jaime Goio.
Invitación a apoyar a Ideas Textuales
Desde que lanzamos Ideas Textuales, nuestro objetivo ha sido narrar reflexiones e historias que no salen en las noticias habituales.
Este proyecto es independiente, sin auspiciantes políticos ni corporativos. Lo sostenemos con nuestro tiempo, esfuerzo y una profunda convicción de compartir nuestras lecturas y escrituras.
Si este espacio te ha hecho reflexionar, te ha llegado, informado o inspirado, podés apoyarlo con un aporte voluntario.
Cada donación nos permite seguir escribiendo, investigar más a fondo y llegar a más personas con historias que valen la pena.

Descubre más desde Ideas Textuales®
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
