No hay tanques cruzando fronteras ni aviones sobrevolando ciudades ni declaraciones solemnes ni imágenes copando portadas. Ni siquiera se puede definir el instante preciso del inicio. Sin embargo, es guerra. Se filtra por cables, servidores y redes invisibles, afectando la vida cotidiana sin que lo notemos. Parece ser una nueva forma que adquieren los conflictos en el siglo XXI. Quizás se trate de una guerra que no se declara ni se ve, pero igual condiciona de manera profunda la estabilidad política, social y material de nuestras sociedades.
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