La última frontera

León XIV insiste en que el ser humano no puede ser reducido a rendimiento, eficiencia o productividad. Una idea que constituye una crítica demoledora al espíritu que parece conducir los designios del siglo XXI. Porque gran parte del capitalismo contemporáneo funciona precisamente sobre la lógica de que el individuo vale en la medida en que produce, responde, optimiza y se adapta. Constituye la culminación de la racionalidad tecnológica.

El problema ya no es únicamente económico. Es cultural.