Desde Sucupira (Santa Cruz de la Sierra), tan lejos y tan cerca de los sobresaltos nacionales, abrimos el celular cada mañana con una mezcla de curiosidad y temor, como quien espera el parte médico de un paciente delicado.
En estas condiciones, pensar en un Mundial de Fútbol puede sonar casi frívolo. Un lujo emocional. Un recreo en medio del incendio. Y, sin embargo, quizás por eso mismo lo necesitamos.
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