Leer en tiempos de scroll

Nos hemos acostumbrado a consumir fragmentos. Titulares. Clips de treinta segundos. Opiniones comprimidas. Memes que resumen una discusión compleja en una imagen ingeniosa. El cerebro termina adaptándose a ese entorno. Y cuando después le pedimos que acompañe durante trescientas páginas una novela, protesta. Se inquieta. Busca dopamina rápida. Extraña la próxima notificación.