La memoria que no cabe en la nube

Mis padres debían elegir cuidadosamente cuándo apretar el disparador. Un rollo tenía 24 o, con suerte, 36 fotos. Cada clic costaba dinero. Uno fotografiaba lo excepcional.

Nosotros empezamos fotografiando casi todo. Nuestros hijos ya fotografían absolutamente cualquier cosa. Un café antes del primer sorbo. La comida antes del primer bocado. Un atardecer antes de levantar la vista. Un concierto entero sin mirar demasiado el escenario.