El regreso de la esperanza

El pesimismo se ha convertido, además, en una forma de prestigio intelectual. Decir que todo está mal produce la impresión de estar viendo más lejos que los demás. El pesimista siempre parece más inteligente porque no necesita construir una solución, sólo señalar el desastre. Vivir permanentemente convencidos de que todo está perdido termina siendo una forma bastante cómoda para justificar el no involucrarse.