Diseñada para la era industrial, la educación arrastra hoy un desfase profundo con el mundo que habitamos. Entre la promesa tecnológica y la desigualdad persistente, iniciativas como la Fundación Reimagina proponen un cambio de paradigma: educar no para obedecer, sino para comprender y habitar un futuro incierto.

La educación es mucho más que la transmisión de conocimientos técnicos. Es el espejo donde una sociedad se reconoce, reproduce valores y moldea su porvenir. Sin embargo, ese espejo hoy refleja un sistema educativo diseñado para la era industrial. Centrados en la memorización y la obediencia, sobrevive en una realidad marcada por la interconexión digital, la crisis ecológica y la aceleración tecnológica. Si no repensamos el cómo, el qué y el para qué de la educación, perpetuaremos un modelo insostenible.

Esto quedó especialmente en evidencia en la pandemia de 2020. Millones de estudiantes quedaron desconectados de las aulas, teniendo que asistir a clases de forma virtual. El problema fue que las escuelas carecían de herramientas para sostener este modelo educativo. En este contexto, la antropóloga chilena Ana María Raad y su equipo crearon la Fundación Reimagina, sosteniendo un modelo de intervención sistémica que demostró ser muy eficiente.

A diferencia de soluciones aisladas o modas tecnológicas, Reimagina apuesta por articular alianzas entre sector público, privado, docentes y sociedad civil. Su metodología se centra en el desarrollo de habilidades clave —pensamiento crítico, curiosidad, colaboración— e incorpora herramientas tecnológicas, incluida la inteligencia artificial, para personalizar el aprendizaje. Los resultados son elocuentes: más de 1,2 millones de docentes formados, un 70 % reportando mejoras en su práctica, impacto en 950 escuelas y una plataforma digital con casi 1,8 millones de usuarios. Los números solo son una parte de esta historia. Lo esencial radica en su enfoque sistémico, el que considera la educación como ecosistema vivo, donde enseñar y aprender es un entramado de relaciones, historias y contextos. 

Uno de los debates centrales tratados en foros internacionales es el papel de la tecnología en la educación. La inteligencia artificial y las plataformas digitales pueden ser herramientas poderosas, pero también amplifican la brecha entre quienes tienen y quienes no tienen acceso. La diferencia está en cómo y para qué se incorporan.

Reimagina aborda este dilema apostando por la equidad y la inclusión. Sus programas priorizan escuelas vulnerables y comunidades rurales, adaptando la tecnología a los contextos locales. Este tipo de iniciativas demuestran que la tecnología, bien orientada, puede ser un habilitador de creatividad y apertura, no solo un privilegio de pocos.

Para este enfoque educar no es domesticar mentes, sino abrir mundos de posibilidades. Se trata de cultivar la flexibilidad, el pensamiento crítico y la ética en un mundo en constante transformación. Reconocer la diversidad cultural y la necesidad de dialogar con las comunidades, integrando saberes locales y globales.

La educación debe ser parte de una política central de civilización, no constituir un sector aislado. Los cambios profundos solo ocurren cuando se trabaja de manera colaborativa, con foco en el sistema completo y soluciones basadas en evidencia. Por eso promueve redes de aprendizaje entre escuelas, formación continua para docentes y alianzas con universidades y empresas.

La historia de Ana María Raad y la Fundación Reimagina es en parte una advertencia y, en parte, una invitación. Advertencia de que, si seguimos replicando modelos obsoletos, arriesgamos un futuro cada vez menos habitable. Invitación a pensar la educación como empresa colectiva y cultural, un diálogo entre generaciones y saberes que trace nuevos mapas de sentido.

Reformar la educación no es un lujo ni un proyecto sectorial, es condición para sostener la vida colectiva en el siglo XXI. Exige imaginación, coraje y colaboración. Si queremos un futuro para la humanidad, primero debemos sostener una educación que merezca ese nombre.

Por Mauricio Jaime Goio.

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