Los primeros 90 días del gobierno de Rodrigo Paz dejan una sensación clara: se hizo poco, muy poco. Las expectativas fueron mucho mayores que lo demostrado en los hechos. Es más lo que no se hizo que lo que efectivamente se hizo.

En el lado positivo de la balanza pueden anotarse, al menos, cuatro hechos:

  1. Recuperación de la sensación de democracia y libertad.

Después de 20 años de autoritarismo, se respira alivio: se camina y se habla sin miedo. El mérito, sin embargo, no es del presidente Paz, sino de los electores que sacaron al MAS del poder.

  1. Nombramiento de autoridades.

Profesionales de sus áreas, personas que inspiran relativa confianza, dan la cara, escuchan críticas sin mandar a castigar y hablan con todos los medios, no sólo con aquellos que tuvieron la conciencia adormecida, como ocurrió en la era del MAS.

  1. Frágil estabilidad económica inicial.

Producto de la confianza de la población, de los créditos y del levantamiento de la subvención a los carburantes —medida dura aceptada con madurez por la ciudadanía—, se logró, entre otras cosas, frenar el alza del dólar.

  1. Reposicionamiento internacional del país.

No es un mérito exclusivo del Gobierno. Esto habría ocurrido con Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina o casi cualquier otro candidato. El MAS encerró al país en un cuarto oscuro; bastaba con que alguien distinto abriera la puerta. Pero bueno, atribuyamosle sin mezquindad este mérito al presidente Rodrigo Paz.

En el lado de lo que se hizo mal o simplemente no se hizo, la lista es más larga.

  1. Persistencia de prácticas de corrupción.

El caso de las 32 maletas que ingresaron a Viru Viru, con complicidad de instituciones gubernamentales, ocurrió durante la Presidencia de Rodrigo Paz. Aún no se resuelve y deja una estela de dudas.

Lo mismo sucede con el caso de la gasolina de mala calidad. La carbonilla mancha de negro esta gestión y no ha habido autocrítica. Culpar al pasado puede entenderse en la primera quincena de noviembre, pero no casi tres meses después.

Hablar de “manos negras”, boicots o sabotajes sólo recuerda las prácticas de Morales y Arce, siempre mirando atrás en busca de culpables. Un gobierno serio reconoce errores, los corrige y sanciona a los responsables. En ninguno de estos casos rodó una cabeza. Un Estado que no castiga ejemplarmente termina capturado por mafias.

  1. Incumplimientos.

En campaña, Paz criticaba a Tuto Quiroga por plantear créditos por $us 12.000 millones. Hoy, su Gobierno ya ha endeudado al país por cerca de 8.000 millones. No es que los créditos sean malos, al contrario, eran necesarios; el problema es hacer exactamente lo contrario de lo prometido. Resulta desconcertante que lo que hoy Paz proclama como su principal éxito sea precisamente aquello que él dijo que no haría. Eso erosiona la credibilidad.

El llamado “Estado tranca” sigue intacto. No se avanzó ni una medida en lo que fue una de las principales consignas de campaña. A ello se suman otros incumplimientos: bajar impuestos, el perdonazo tributario “al día siguiente de asumir”, el cierre de la Aduana, el 50/50 para las regiones, que pasó de promesa central a quimérico “sueño” presidencial, entre otros

  1. Cero reformas estructurales.

Si el Gobierno cree que el país puede vivir de créditos, algo está profundamente mal. En 90 días no se vio una sola medida de reactivación económica: no hay incentivos a la inversión, no hay medidas para promover exploración de nuevos campos gasíferos, no hay una hoja de ruta clara para generar ingresos.

Bolivia sigue en crisis. No hay ni un proyecto de Ley de reformas estructurales. La deuda ayuda, pero no resuelve. El andamiaje del Estado es el mismo que el MAS dejó construido. Tampoco se trabaja para construir gobernabilidad en una Asamblea donde que el Gobierno no tiene mayoría. ¿Cómo piensan gobernar? ¿Por decretos?

  1. El ajuste que nunca llegó.

No hubo contracción del Estado. La planilla de funcionarios no se redujo, no se cerró ni una sola empresa estatal deficitaria creada por el MAS. El gasto público sigue intacto. ¿No era que el 90% de estas empresas generaban pérdidas?

  1. Un país de interinos, al estilo MAS.

En 90 días no se ha institucionalizado ninguna de las 32 presidencias o gerencias de entidades y empresas estatales: YPFB, Aduana, ABC, Impuestos, Entel, Contraloría, INRA, entre otras.

Evo Morales lo explicó una vez con crudeza: los titulares, designados por ley, actúan con independencia; los interinos obedecen por miedo a ser cambiados por dedazo. Paz repite exactamente el mismo esquema de Morales.

Los Estados sólidos tienen autoridades institucionalizadas. Los Estados débiles y discrecionales viven de interinos. Ya sabemos a qué club pertenece Bolivia Bolivia Bolivia.

  1. Ineficiencia.

El 25 de noviembre se anunció la eliminación de cuatro impuestos: ITF, IGF, impuesto al juego y a las promociones empresariales. Todos celebramos el anuncio. Casi tres meses después, ninguno fue eliminado. Los bancos siguen cobrando el ITF y la AJ sigue operando como en tiempos del MAS.

Del Decreto 5503, retirado por presión de la COB, sólo quedó el fin de la subvención a los carburantes. El resto de las medidas quedó enterrado, sin gestión legislativa ni nuevo decreto.

¿Y los embajadores? Ninguno nuevo. Todos fueron nombrados por Luis Arce y siguen distribuidos por el mundo. Resulta incomprensible después de 90 días de gobierno. ¿Es que hay un cogobierno o cómo se explica lo inexplicable?

  1. El Presidente del autobombo.

Informar y mantener la esperanza y la moral alta del pueblo es parte del rol presidencial. Pero al presidente Paz le gusta demasiado el atril y el micrófono para el autoelogio. En eso tampoco se diferencia mucho de Morales o Arce. Las obras hablan solas. Cuando alguien busca con insistencia el reconocimiento, suele haber perdido el sentido de las proporciones.

La cosecha no se hace cuando el fruto está verde. Alguien debería decirle al Presidente que baje el volumen del autobombo y evite recordarnos la actitud de Luis Arce cuando decía que Bolivia tiene los mejores indicadores de la región o su triste “así se maneja la economía neoliberales”, porque ya sabemos cómo termina eso.

Sí, el Gobierno está empezando y merece tiempo. Pero también debe entender que no hay tiempo que perder. Y que ya pasó el 5,5% de su mandato.

Más allá de las aspiraciones personales del Presidente, hay una responsabilidad histórica: a su Gobierno y al país le tienen que ir bien. No sólo para salir de la crisis, sino porque, si fracasa, volverán el autoritarismo y el oscurantismo “socialista” o su reencarnación populista ya conocida. Y eso nadie lo quiere.

Bolivia necesita más iniciativa política y menos pérdida de tiempo; más acciones y menos discursos; más transparencia y menos maletas; más responsabilidad y menos carbonilla; más trabajo y menos selfies; más gestión y menos autobombo.

Es tiempo de trabajar, Presidente Paz. Hay mucha esperanza en su Gobierno, sí; pero Usted todavía no ha logrado nada. Y no es prudente confundir las cosas. El poder no es sólo el disfrute de la investidura (viajes, avión propio, recibimientos, discursos, aplausos, compadres), es principalmente responsabilidad en el arte de gobernar, de tomar decisiones, de conducir al país por un rumbo estratégicamente definido.

La celebración y los aplausos genuinos llegarán después. Por ahora, no corresponde ningún gesto de triunfalismo. Cuando haya resultados, los elogios vendrán solos. Y entonces comprobará que las palabras de reconocimiento son más dulces cuando vienen de otras voces y no de la propia.

Por Juan Carlos Rocha, periodista.

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