La “rebelión del pueblo profundo anticolonial” se revela como la lucha convencional de sectores minoritarios que poseen la capacidad efectiva de paralizar una gran parte de las actividades cotidianas del país. Estos grupos se apoyan astutamente en agravios y reivindicaciones que vienen de muy atrás, aprovechando la inclinación de las masas hacia comportamientos colectivistas que no admiten dudas, proyectos y decisiones individuales (“egoístas”), que podrían poner en cuestión los valores normativos consuetudinarios, los que, obviamente, son sacralizados por las dirigencias.
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