Hoy ocurre que las redes sociales han reemplazado la geografía por los intereses. Ya no pertenecemos principalmente al lugar donde vivimos, sino a grupos definidos por gustos, profesiones, ideologías o aficiones. Nuestra comunidad dejó de ser territorial para convertirse en digital. Lo cual, per se, no constituye necesariamente un progreso ni un retroceso. No enfrentamos, más que nada, a un cambio de civilización.
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