La corrupción más allá del Estado

Desde siempre hemos concebido la corrupción como un vicio atribuible exclusivamente al sector público. En esa ficción, el corrupto parece ocupar siempre una oficina estatal. El empresario, en cambio, aparece como alguien que hace negocios, impoluto, aunque, a veces, para conseguir sus logros deba pagar, ocultar información o manipular las reglas.