Una generación que despide su mundo

Soy parte de la generación que le tocó crecer cuando el siglo XX todavía creía en sus grandes promesas. Las Naciones Unidas parecían representar algo más que una burocracia internacional. Después de dos guerras mundiales, existía la esperanza de que los países hubieran aprendido la lección y que la humanidad pudiera construir mecanismos para evitar repeticiones. Había una confianza, ahora me parece algo ingenua, en la posibilidad de organizar el mundo mediante acuerdos y cierta idea de futuro compartido.