Ha transcurrido la mitad del tiempo de plazo fatal de tres meses acordado por el gobierno nacional con la COB para suspender el bloqueo del país y el pedido de renuncia del Presidente luego de 53 días de pérdidas de vidas, de libertades fundamentales de la ciudadanía y de confianza en Rodrigo Paz Pereira.  En nueve meses, el único parto de gobierno ha sido la expulsión de José Luis Lupo al exilio dorado de la OEA.

A horas de un nuevo aniversario de la fundación de Bolivia, el Presidente realiza los cambios que venían comentándose hace más de un mes. Ya es comidilla popular que Rodrigo Paz Pereira demora lo indecible en la toma de decisiones, en todos los aspectos.

José Luis Lupo deja de ser el superministro de la Presidencia, aquel que concentró el mismo poder de Maria Nela Prada en la gestión de Luis Arce Catacora, sólo que sin la misma confianza del Presidente. Con una larga hoja de vida, en la que destacan haber sido varias veces viceministro y ministro de Estado y funcionario de alto nivel de organismos multilaterales de cooperación internacional, Lupo reapareció el año pasado como gerente de la campaña electoral del empresario Samuel Doria Medina y luego como su candidato a vicepresidente por Unidad Nacional. 

Junto a Cinthia Yañez, ex ministra de Turismo, Folklore y Gastronomía, y José Gabriel Espinoza, también parte del equipo de Doria Medina y actual ministro de Economía y Finanzas, José Luis Lupo asumió como ministro de la Presidencia, producto de un apoyo apalabrado, sin firma, de la tercera bancada en número en la Asamblea Legislativa, precisamente la de Unidad Nacional.  Si bien Doria Medina insistió desde un inicio en negar que era parte del gobierno, él mismo se encargó de desmentirse cuando la semana pasado afirmó “ya me he ido”.

Hace unos días, José Luis Lupo había dicho que preferiría dedicarse a cuidar a sus nietos pero eligió el exilio dorado, un futuro cargo como embajador del país ante la Organización de Estados Americanos (OEA).  El cambio se dio “casualmente” unos días después del anuncio de la concreción del crédito del FMI, una gestión que lo tuvo como a uno de sus protagonistas dada su experiencia internacional. 

La mesa chica del Presidente consiguió un espacio que necesitaba manejar sin la conciencia institucional del experimentado artífice de la gestión de crisis heredadas por varios gobiernos latinoamericanos. Ya la “Oficina del Presidente” (manejada por el asesor argentino Fernando Cerimedo) le había quitado el manejo de la comunicación del Estado.  Quedan irresueltos asuntos cruciales para la administración pública, que estaban a su cargo (al menos en el organigrama tantas veces modificado mediante decretos supremos de la presente administración):  la restitución de las autonomías plenas cercenadas por el MAS, la reingeniería del Estado central con el cierre de las empresas deficitarias y la descentralización profunda, las políticas de reforma judicial y de reforma electoral, la remisión a la Asamblea Legislativa de las 10 leyes estructurales anunciadas en el encuentro nacional de Cochabamba a principios de mayo.  El día del fin de la fotocopia del carnet de identidad tampoco se materializó en el ampuloso aparato burocrático nacional.

A la imposición extemporánea y fuera de lugar del gran Collar de la Orden del Cóndor de los Andes a Rodrigo Paz Pereira por su propio Canciller, le siguió su juramento como el superministro reemplazante del desplazado.  Les resulta suficiente el mismo mecanismo que decidieron para gobernar cuando el Presidente se ausenta temporalmente:  WhatsApp en lugar de vicepresidente, WhatsApp en lugar de acuerdos parlamentarios con partidos políticos, WhatsApp en lugar de embajadores y cónsules, WhatsApp en lugar de un Canciller de carrera. El nuevo, hasta ayer viceministro de Asuntos Consulares, no proviene de la escuela diplomática sino de la vertiente de los derechos humanos de la Defensoría del Pueblo en tiempos del MAS.  Todo apunta a que Fernando Aramayo, además de hacerse cargo de las funciones del ministerio de Justicia y de tierras (agregadas en la gestión de Lupo), seguirá mandando en las relaciones internacionales.

El gabinete del presidente se reduce hoy a 12 ministerios, sin mujeres a la cabeza (la excepción se encuentra de viaje, la ministra de Salud). La “novedad” inicial de la creación del Ministerio de Turismo no cuajó y ahora será una agencia nacional.  El ministerio de Planificación del Desarrollo, cabeza de varios fondos ejecutivos, fue derivado hacia otras reparticiones. Medioambiente queda sin ministerio rector, lo que también da una señal de la poca importancia que, en la práctica, confiere el gobierno al patrimonio más valioso de la sociedad. Con la salida de Lupo, Fernando Romero y Mauricio Medinacelli, la visión estratégica, el desarrollo institucional y el peso del mérito profesional pasan a la trastienda del poder.

Rodrigo Paz Pereira y sus ministros. Las mujeres quedaron fuera (no está presente la ministra de Salud).

Mientras tanto, la economía de las mayorías sufre la pérdida del poder adquisitivo día a día; la incertidumbre por la provisión de combustible para el transporte diario de personas y de productos tiende a normalizar lo inaudito como parte de la cotidianidad; los sueños de la vivienda propia se han convertido en pesadilla para las familias entrampadas entre perder las cuotas pagadas al tipo de cambio anterior y no poder cumplir con las pendientes al tipo de cambio volátil; el experimento del tipo de cambio a la orden del Banco Central no ha aumentado el caudal de dólares en el mercado pero sube a diario; los avemarías antes de abordar mal y tarde a las aeronaves de BoA, cuyo ministro responsable se limita a reconocer sin solucionar el peligro inminente.  A la percepción de que el Chapare es tierra de nadie, donde Evo Morales se divierte en un nuevo parque de diversiones mientras se le suma otra orden de aprehensión por su participación en los bloqueos de los 53 días a la ya legendaria e incumplida orden de captura por presunta trata de personas y abuso de menores, la población observa sin curarse de espanto cómo San Matías y San Ignacio de Velasco son sitios donde se campea el ilícito con brutales asesinatos, incluso de un subteniente de la Policía.

El desasosiego por la distancia abismal que separa a la realidad nacional de la política del WhatsApp del gobierno a nueve meses sin los cambios profundos prometidos el 8 de noviembre, ya no es sorpresa. De la esperanza y la confianza perdidas, sólo Rodrigo Paz Pereira será quien responda ante la historia porque los eventuales poderosos que lo rodean no se harán cargo más que de decirle que todo está bien, como el Gran Poder y el Carnaval, que terminan con la resaca en tanto los problemas se amontonan.

Por Gabriela Ichaso Elcuaz.


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