Para nadie resulta desconocido que el tema “mujeres” también puede convertirse en un negocio jugoso para quienes se lo proponen. A lo largo del final del siglo XX hasta nuestros días, las publicaciones impresas que venden entrevistas y portadas para destacar los atributos de quien esté dispuesta a pagarlas, han sido variadas y a gusto de la cliente y de los auspiciadores de turno.

Con el feminismo de última hora -a años luz de la primera, la segunda y la tercera ola-, también se abrió otro nicho de “empoderamiento” menos glamoroso, más adoctrinador y productor de “espacios” rentables de reivindicaciones, premisas y postulados, fascinantes para adolescentes en ebullición y adultos frustrados en búsqueda de sentido y de sustento.

En las postrimerías del siglo XX y el primer cuarto del siglo XXI, cuando mayor número de mujeres ha superado largamente las expectativas posibles de las generaciones de sus propias madres y abuelas, en casi cualquier aspecto, a la par de que se documenta y se lucha contra la violencia de género, la misoginia política y la exclusión corporativa, también sigue habiendo quien le pilla al negocio oportunista.

Hacia agosto del año pasado, me llamó la atención que se convocara a un evento para la presentación de un libro “Mujeres de la historia y las 200 del Bicentenario de Bolivia”. Era el año del Bicentenario de Bolivia hasta el 6 de agosto. El libro no se presentó.

Hace algunas semanas, se organizó otro evento donde finalmente el “libro” vio la luz. En primera fila no estaban las “Mujeres de la Historia” sino las autoridades de turno: No la vi a Jeanine Añez, no la vi a Karen Longaric, no la vi a Gloria Ardaya, ni a Mirtha Quevedo, ni a Dora Luz Dávila, ni a Ariani Roda, por citar mujerones contemporáneas de trayectorias públicas impresionantes (con las disculpas a las nombradas inconsultamente)… Estaban las funcionarias públicas del actual gobierno (nacional, departamental), las mujeres que convienen a la ONG fashionista y las que logró conseguir que pagaran cada una 400 bolivianos por el álbum y 500 bolivianos por la entrada a Los Tajibos. Ah, si. Para que se note el esfuerzo de la investigación de las “Mujeres de la Historia” en tres hojas y media de las 233 páginas de fotos socialeras, dos cholitas escaladoras recortadas en la última página antes del despliegue de caripelas de embajadores y representantes de la cooperación internacional en el país, y 32 hombres presidentes de instituciones corporativas, en su mayoría cruceñas.

Claribel Aparicio, presidente de la ONG Women Economic Forum, subsidiaria de una franquicia de la India dedicada al “networking”, como estilan estos emprendimientos «altruistas» al ser un álbum de su autoría y propiedad, figura en el Comité Editorial, en la “presentación” (4 páginas, 3 con su foto), entre las nombradas como “mujeres de la conciencia”, entre las 30 seleccionadas como “mujeres de la República” y, como broche de oro, en página completa en contracara a la página de Bibi Urquidi de Paz, primera dama de Bolivia, además de primera a su lado en el cuadro de las 200 del Bicentenario. Nunca la vi en 5 años pidiendo la libertad de la expresidente presa, de quien fue su viceministra de comercio exterior: tampoco reclamando por el exilio de la excanciller ni por las listas negras donde estaba alguna de sus nuevas «homenajeadas».

Hubiera dejado pasar al olvido mi reflexión pasajera sobre las publicaciones que hicieron varias amigas que pisaron el palito y estuvieron en la consumación de la fiesta del ego, si no fuera que hoy varias de ellas publicaron sus queridos rostros ensartados en el mismo membrete oscuro de WEF-Bolivia, cada una con textos parecidos, producto de la instrucción “inocente” de seguir dándole manija a un negocio con fines personales. No es el único, ni de lejos. Premios inventados donde los galardonados pagan su inclusión o garantizan el patrocinio y después publican la foto para recibir reconocimiento efímero, no son novedad aquí ni en ninguna parte.

Una de ustedes, queridas mías, cometió el error de copiar y pegar el instructivo en su red social (vean la primera imagen): Abran los ojos, a Santa Cruz no solo la avasallan los interculturales de abarcas sino redes de poder que las usan para codearse con la escalera de turno y con la élite de una sociedad en la que con sonrisa de ocasión, capa y yo-te-estimo adulón, imponen su cultura, sus rayes y sus atadijos. Cuando menos lo esperen, otra será la “logia” a la que sin querer queriendo estarán sirviendo.

Respecto al “invaluable legado 100% basado en la meritocracia» (como dice textualmente la presentación), no hay de qué preocuparse: Es un álbum corporativo. No es un libro propiamente dicho porque no tiene ISBN ni Depósito Legal ni estándares internacionales de qué entiende la promotora como mérito. Por si lo miran de nuevo.

Por Gabriela Ichaso Elcuaz.

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