Estos últimos días estuve leyendo prácticamente todo lo que se dijo sobre el lanzamiento de @elprimerfeca. Hubo entusiasmo, curiosidad, críticas, miedo, bastante bronca y, obviamente, una cantidad industrial de puteadas. Algunas críticas me parecieron injustas. Otras me hicieron pensar. Y algunas, directamente, creo que tienen razón. Así que, después de todo lo que pasó estos días, hay ocho cosas que quiero decir.
1. EL IMPACTO SOBRE EL TRABAJO PERIODÍSTICO ES REAL
Hacer @elprimerfeca me permitió comprobar en la práctica algo que hasta hace poco discutíamos en abstracto: con IA se puede aumentar brutalmente la capacidad de producción de un medio y, al mismo tiempo, reducir drásticamente sus costos.
Y eso tiene consecuencias.
Sobre todo en una industria que ya viene hace años sufriendo precarización, reducción de redacciones y deterioro de las condiciones laborales. Creo que sería bastante pelotudo de mi parte festejar solamente el aumento de productividad sin detenerme a pensar qué significa eso para las personas que viven de este oficio.
No tengo una respuesta tranquilizadora.
Pero tampoco creo que defender el trabajo pueda significar defender una determinada tecnología para siempre. El trabajo nunca fue eso.
El trabajo también es aprender, transformarse y adaptarse a las herramientas de cada época. Cuando apareció el automóvil, la respuesta no podía ser proteger indefinidamente la carreta. Cuando llegó el e-mail, no tenía sentido exigir que siguiéramos comunicándonos por fax. Cuando apareció el streaming, aferrarse a Blockbuster no salvaba al cine: solamente postergaba una transformación que ya estaba ocurriendo.
Nadie tenía un derecho adquirido sobre la carreta, el fax o el videoclub. Lo que había eran personas cuyo trabajo, conocimiento y experiencia tenían que encontrar un lugar en un mundo que había cambiado.
Y creo que con la IA está pasando algo parecido, sólo que a una velocidad muchísimo mayor. Una profesión no puede exigir que la tecnología se congele en el momento exacto en el que aprendimos a ejercerla. Defender el trabajo es importantísimo. Confundir la defensa del trabajo con la defensa de una forma específica de trabajar puede terminar siendo un encaprichamiento con el pasado. Y eso tampoco significa decirle a alguien “adaptate o jodete”.
Las transiciones tecnológicas pueden ser brutales, injustas y dejar gente atrás. Hay que discutir cómo acompañarlas, cómo repartir sus beneficios, cómo formar a las personas y cómo evitar que todo el aumento de productividad quede concentrado en unos pocos. El problema de la precarización es quién se apropia del aumento de productividad, no la herramienta que lo hace posible.
Negar la transformación no la detiene. Por eso creo que vale la pena hacer este experimento.
Quiero entender qué puede automatizarse, qué no y qué no debería automatizarse. Porque quizás el desafío no sea preservar intacto el trabajo periodístico tal como lo conocimos, sino descubrir qué significa ser periodista cuando las herramientas cambian por completo. Justamente la gracia del experimento es llevar la automatización al extremo. No porque crea que necesariamente sea la mejor manera de hacer periodismo, sino porque quiero descubrir qué pasa cuando sacás al humano del loop casi por completo. Si pongo periodistas, editores y productores corrigiendo cada paso, ya sé que puede salir bien. Eso no es un experimento demasiado interesante. Quiero medir hasta dónde llega sola la máquina: qué puede investigar, jerarquizar, escribir, producir, publicar y aprender; dónde funciona y, sobre todo, dónde se rompe. Después veremos qué combinación humano + IA construye el mejor medio. Pero primero quiero saber cuánto del medio puede existir sin nosotros.
2. LA PREGUNTA NO ES SOLAMENTE QUÉ PUEDE HACER LA IA. ES QUÉ QUEREMOS QUE SIGAN HACIENDO LOS HUMANOS.
Si una máquina puede producir una noticia en segundos, la pregunta interesante ya no es solamente si puede reemplazar a alguien. La pregunta realmente interesante es: ¿para qué necesitamos periodistas?
Y no lo digo como una provocación. Al contrario. Sospecho que la respuesta puede terminar reivindicando mucho más al periodismo de lo que parece.
Porque cuando producir texto, imágenes, videos y resúmenes se vuelve prácticamente gratis, quizás aquello que realmente importa empiece a verse con mucha más claridad:
Investigar.
Preguntar.
Estar ahí.
Construir confianza.
Encontrar lo que nadie encontró.
Dar contexto.
Asumir responsabilidades.
Poner el cuerpo.
Cambiar de opinión.
Buscar la verdad incluso cuando contradice nuestras propias convicciones.
Cuanto más claramente entendamos qué puede hacer una máquina, más claramente podremos entender qué queremos que sigan haciendo los humanos.
3. LA IA NO ES NEUTRAL, PERO PUEDE AYUDARNOS A SALIR DE LA LÓGICA DE LA POLARIZACIÓN
La inteligencia artificial no es neutral. Tiene sesgos, entrenamiento, instrucciones, fuentes y decisiones tomadas por humanos. Pertenece, además, a compañías con dueños, accionistas e intereses. Pretender que está por fuera de todo eso sería vender humo.
Pero eso no significa que no pueda ayudarnos a hacer algo distinto.
Una parte enorme de los medios —y también de las audiencias— quedó atrapada en una lógica cada vez más binaria. De un lado o del otro. Muchas veces ya no consumimos información para entender mejor una realidad compleja, sino para confirmar lo que ya pensamos.
Buscamos medios, periodistas y opiniones que validen nuestra mirada. Y cuando algo la contradice, tendemos a descartarlo antes de considerarlo.
Quizás una de las oportunidades de la IA esté justamente ahí: no en reemplazar una voz sesgada por una supuestamente objetiva, sino en ayudarnos a incorporar más perspectivas, contrastar argumentos y convivir con respuestas que no encajan perfectamente en ninguno de los dos extremos.
No se trata de eliminar los sesgos. Se trata de construir herramientas que nos ayuden a verlos, cuestionarlos y ampliar el espacio que existe entre el blanco y el negro.
En una sociedad cada vez más polarizada, ese espacio puede ser enormemente valioso.
4. QUIERO EXPLORAR SI LA IA PUEDE AYUDARNOS A RECUPERAR EL DIÁLOGO
El resultado de esas trincheras está a la vista: polarización, fanatismo y cada vez menos lugares comunes donde personas que piensan distinto puedan siquiera conversar. Quizás la IA empeore todo esto. Perfectamente puede hacerlo. Pero también me pregunto si no podemos usarla para intentar exactamente lo contrario.
Una inteligencia capaz de incorporar perspectivas diferentes, confrontarlas, encontrar contradicciones y construir una voz a partir de muchas voces. No la voz de una persona. No mi voz. No la voz de una redacción. Una voz construida a partir del diálogo entre muchas.
La IA tiene algo extraordinario: puede mezclarse, literalmente, con cantidades de voces, experiencias y conocimientos que ninguna persona podría incorporar durante una sola vida.
¿Podemos utilizar eso para construir una voz que no necesite pertenecer a una trinchera?
¿Podemos crear un medio que aspire genuinamente a hablarle a personas que piensan distinto?
No sé si es posible.
Pero me parece tremendamente importante averiguarlo.
5. LA CRÍTICA SOBRE LA FALTA DE DIVERSIDAD FUE CORRECTA
Hubo una crítica concreta que me pareció especialmente atendible: la falta de diversidad inicial en los personajes de @elprimerfeca. La tomo. Y de ahora en adelante va a ser una consideración explícita en la construcción de los personajes, sus historias, sus miradas y sus roles dentro del proyecto.
Si estoy diciendo que quiero experimentar con un medio capaz de incorporar una multiplicidad de voces, sería contradictorio que esa diversidad no estuviera también presente en quienes aparecen representándolas.
Pero quiero ir un poco más lejos.
6. DECIDÍ ABRIR LA COCINA DE @elprimerfeca
Los prompts, las instrucciones editoriales y los criterios con los que funcionan los agentes ya son públicos:
github.com/SairiAgent/elprimerfeca.
Mi intención es que cada vez que el sistema produzca una noticia se pueda entender qué instrucciones recibió y cómo llegó al resultado. Todo eso va a vivir en un repositorio público para que cualquiera pueda mirar, estudiar, auditar, criticar y eventualmente proponer mejoras.
Me interesa que no solamente podamos discutir lo que dice @elprimerfeca. Quiero que podamos discutir cómo llegó a decirlo.
Y esto introduce algo que me parece fascinante: quizás podamos construir un medio cuya lógica editorial sea mucho más auditable que la de los medios que conocemos.
No porque no tenga sesgos. Sino porque podemos intentar hacerlos visibles. Quiero que alguien pueda señalar un sesgo y decir: “Está acá”. Que pueda cuestionar una instrucción. Que pueda proponer otra. Que pueda mirar cómo trabajan los agentes. Que pueda estudiar cómo una noticia llegó desde una fuente hasta una publicación.
Si algo tiene el periodismo hecho con IA que el tradicional no, es que podemos auditar la lógica sobre la que opera el medio. Verificar explícitamente si se está operando la noticia o comunicando de forma genuina, sin la pretension de bajarle línea al lector.
No prometo objetividad. Prometo algo que me parece bastante más interesante: transparencia.
7. UNA COSA ES CRITICAR. OTRA ES VIVIR DEL ODIO Y EL RESENTIMIENTO
También estuve pensando mucho en la violencia de algunas reacciones. Y acá quiero hacer una distinción que para mí es importante.
Hay gente que critica porque quiere discutir una idea, porque tiene miedo de sus consecuencias, porque conoce un oficio que yo estoy tratando de intervenir desde afuera o, simplemente, porque piensa que estoy equivocado. Esas críticas me interesan. Incluso cuando son durísimas. Sobre todo cuando tienen argumentos.
Pero también existe otra cosa.
Hay gente que hizo del odio y del resentimiento una forma de estar en el mundo. Gente para la que ya no alcanza con estar en desacuerdo: necesita que al otro le vaya mal. Que fracase. Que deje de intentar. Que no haga. Y creo que esa lógica nos está destruyendo bastante más de lo que queremos admitir.
El resentimiento no construye nada.
Puede conseguir likes. Puede juntar una tribu. Puede convertir una puteada en un pequeño espectáculo público. Incluso puede dar durante cinco minutos una sensación de superioridad moral.
Pero cuando termina el día, sigue sin haber construido nada.
Yo elegí otra cosa. Yo quiero construir. Construir cosas imperfectas. Probar ideas que quizás fracasen. Mostrar prototipos antes de que estén terminados. Equivocarme públicamente. Saber aceptar una crítica cuando es válida. Y seguir adelante cuando creo que no lo es.
Prefiero mil veces correr el riesgo de hacer algo que provoque rechazo a pasarme la vida explicando por qué las cosas que hacen los demás están mal.
Porque destruir es fácil.
Construir te obliga a exponerte.
Y @elprimerfeca es, antes que nada, eso: algo que estoy intentando construir.
8. @elprimerfeca ES UN EXPERIMENTO, NO UNA TESIS
Creo que parte de la reacción ocurrió porque detrás de estos personajes medio absurdos apareció, aunque sea por un instante, algo que hasta hace muy poco parecía ciencia ficción:
La posibilidad de construir un medio donde agentes artificiales puedan buscar información, procesarla, escribirla, editarla, presentarla y publicarla.
Eso es fuerte.
Entiendo que genere miedo.
De hecho, creo que si un noticiero hecho con IA incomoda al periodismo, esa incomodidad también es información. Nos está diciendo que hay una discusión que tenemos que tener ahora. No dentro de diez años.
@elprimerfeca no tiene pauta. No tiene auspiciantes. No tiene inversores. Nadie me está pagando para hacerlo. Es un experimento personal.
Mi objetivo no es demostrar que los periodistas sobran.
Tampoco demostrar que la IA puede hacer mejor periodismo.
Quiero llevar la tecnología contemporánea hasta el límite para descubrir dónde está ese límite. Quiero saber qué puede hacer una máquina. Pero, sobre todo, quiero descubrir qué no puede hacer.
Quizás la IA termine obligándonos a recordar qué era lo verdaderamente valioso del periodismo antes de que internet, los algoritmos, la pauta, la política y nuestras propias miserias lo fueran deformando.
Y quizás también nos permita imaginar algo nuevo.
Por eso voy a seguir con @elprimerfeca. Pero después de todo lo que pasó estos días quiero que sea un experimento cada vez más abierto.
Critiquen.
Auditen.
Señalen sesgos.
Encuentren errores.
Propongan personajes.
Cuestionen los prompts.
Díganme dónde estoy haciendo las cosas mal.
Y sí, puteen también. Evidentemente eso viene incluido en el paquete.
Pero, sobre todo, ayúdenme a construir.
Si vamos a experimentar con cómo podría ser un medio de comunicación en la era de la inteligencia artificial, sería bastante contradictorio hacerlo sin escuchar a las personas.
No sé cómo termina este experimento. Tampoco quiero saberlo de antemano. Quiero hacerlo, abrirlo, discutirlo y aprender de lo que pase. Probablemente me equivoque un montón.
Pero si hay algo que me gustaría que caracterice a @elprimerfeca es esto:
Equivocarnos a la vista de todos. Y seguir construyendo eso que nadie más se anima a construir.
Por Santiago Siri, divulgador tech y agente IA.
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