Todos los años, cuando llega septiembre, los cruceños “hinchamos el pecho” con rebosante orgullo y no es para menos.

Cada 24 de septiembre recordamos el grito libertario de 1810, aquel día en que un grupo de patriotas, reunidos en cabildo en la Plaza de la Concordia -hoy Plaza 24 de Septiembre-, decidieron destituir al gobernador español y tomar en sus manos su destino. Si bien la libertad irrestricta llegaría recién 15 años después, esa gesta marcaría con fuego el sello que llevamos los hombres y mujeres de esta tierra: las conquistas definitivas pueden tomar su tiempo, pero más temprano que tarde, se concretan.

Es por ello y con razón, nuestra fecha cívica más importante. Por eso mismo es que creo que vale la pena en estos días reflexionar sobre su verdadero alcance y preguntarnos cómo hemos ido construyendo la narrativa de esta historia. Pero vamos por partes…

No creo equivocarme al afirmar que cuando decimos «Santa Cruz”, casi todos y en cualquier lugar, pensamos automáticamente en la ciudad capital, es decir, Santa Cruz de la Sierra. Eso es algo natural; aquí vivimos más de dos millones de personas, aquí se encuentra el centro político y económico de todo el departamento. Pero Santa Cruz es también esa región que abarca 370 mil kilómetros cuadrados, que cuenta con 15 provincias y con 55 municipios más.

Esa es una realidad que muchas veces se nos pierde a muchos, no por egoísmo, sino por desconocimiento histórico, por nuestra condición de homónimos, o por nuestra forma de pensar habitual.

Nuestra ciudad se llama Santa Cruz de la Sierra y nuestro departamento se llama Santa Cruz; una doble denominación que heredamos desde la fundación de la República. Tal vez eso hace que, sin querer, cuando la ciudad capital celebra esta fecha, pareciera que celebra solo para sí misma.

Un 24 de septiembre el grito libertario nació en la ciudad, es cierto, pero no fue solo de la ciudad. En ese momento, la Gobernación de Santa Cruz de la Sierra era un inmenso territorio que abarcaba lo que hoy son las provincias de Chiquitos, Cordillera, Vallegrande, el norte y el Chaco. El cabildo se realizó en esta ciudad ya que, al ser la capital, ostentaba la representación política más importante, pero, indudablemente, el pronunciamiento se dio en nombre de toda la provincia. Lo mismo ocurrió el 14 de febrero de 1825, cuando José Manuel Mercado, el Colorao, tomó la plaza y selló con este acto, la independencia definitiva.

Por eso es que, legalmente, ambas fechas son considerados feriados departamentales y no solo municipales.

Es innegable que la ciudad de Santa Cruz de la Sierra tiene un rol hermoso que nadie le puede quitar: ser la anfitriona histórica de la gesta cruceña. Fue en su plaza principal donde se celebró el cabildo y donde hoy se rinde un justo homenaje a nuestros héroes. Es en nuestro tradicional parque El Arenal donde cada año se celebra esta fecha con una hermosa serenata y se corona a la Reina de Santa Cruz, en un evento organizado por el gobierno municipal.

Ese rol de ciudad anfitriona es un privilegio. Y como todo privilegio, lleva consigo una gran oportunidad: la de ampliar la mirada y hacer un acto noble de reconocimiento de la historia.

Se podría, sin quitarle protagonismo a la ciudad capital, celebrar esta significativa fecha desde una perspectiva ampliada. En lugar de narrarla solo desde la ciudad de los anillos, hacerlo desde el territorio cruceño completo, recordando que esa rebelión inicial la sostuvieron durante 15 años más, las republiquetas de los valles, de las misiones de Chiquitos, de los pueblos del Chaco.

Esto trae a mi memoria otro hecho que particularmente me llama la atención y es el gran ímpetu y relevancia que se viene dando en los planes y proyectos tanto municipales como departamentales, a la metrópolis cruceña. Es bueno recordar que la Región Metropolitana, con sus cinco municipios -Santa Cruz de la Sierra, Cotoca, Warnes, La Guardia, El Torno, Porongo y La Bélgica- si bien es el corazón productivo y donde habita la mayor parte de la población, no abarca todo Santa Cruz. El departamento es también San José de Chiquitos; es Vallegrande, Samaipata, San Matías, Puerto Suárez, Concepción, Ascensión…

No es la intención generar un conflicto sobre quién debe organizar la fiesta cívica o quién se debe llevar el crédito de la misma, pues tanto la Gobernación como la Alcaldía, tienen sus propias competencias territoriales y ambas hacen su parte con mucho esfuerzo. Lo que se busca, es completar el relato.

Si cada 24 dijéramos con claridad «hoy, desde la ciudad capital, celebramos la efeméride de todo el departamento», nadie perdería nada, sino más bien, ganaríamos todos. En inclusión, en sentido de pertenencia, en cohesión regional. Nuestra ciudad reafirmaría su rol como capital integradora y todas las provincias a su vez, se verían reflejadas en una fiesta que también, indiscutiblemente, es suya.

Podría tratarse simplemente de ir haciendo un ajuste de lenguaje y de enfoque: decir «la ciudad de Santa Cruz de la Sierra» cuando hablamos de la ciudad, y «el departamento de Santa Cruz» cuando hablamos de la región; incluir en el desfile, en la serenata y en la agenda cultural, como corresponde, a las delegaciones, música y danzas de las 15 provincias, reconociendo que el grito libertario no fue solo urbano, sino territorial.

No es que Santa Cruz capital se hubiera apropiado de esta fecha por mala intención. Simplemente, que hemos visto y repetido la historia con un zoom muy cerrado, enfocado solo en la plaza donde iniciaron los acontecimientos. Este podría ser el momento para abrir el lente, en un acto de generosidad que lejos de quitarnos algo, nos completa. Como dice el viejo refrán: la hospitalidad siempre empieza por casa.

El 24 de septiembre de 1810 no se escuchó solamente el grito emancipatorio de Santa Cruz de la Sierra. Fue el acto valeroso de una región entera que reclamaba con convicción su independencia. Esa región pujante, eternamente iyambae, que es la que hoy merece verse y sentirse protagonista de su propia celebración.

Por Marina Claudia Bonino, arquitecta y doctorante en Ciencias del Hábitat, integrante del Comité Impulsor del Centro Histórico de Santa Cruz de la Sierra.

Santa Cruz te quiero verde. No son Los Campos Elíseos (Avenue des Champs-Élysées) de París, es una propuesta de lo que podría ser la Av. MONSEÑOR RIVERO, cuyo boulevard inicia con el busto del Monseñor en el 1er Anillo y culmina en el icónico hito urbano-histórico-religioso más reconocido de la ciudad, El Cristo Redentor, en el 2do Anillo.
1,2 km de un hermoso corredor verde urbano que puede hacerse realidad con mucha visión y poco presupuesto, con la ley de adopción de espacios públicos y alianzas público/privadas.
Vale la pena reactivar este espacio urbano, devolverle la vitalidad de hace décadas atrás. Santa Cruz y su gente se lo merecen, ¿no lo creen así?
(Imagen creada por MCB)


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