El Centro Histórico como proyecto de gestión

La reciente presentación de los denominados Senderos Libertarios como primera fase de revitalización del Casco Viejo de Santa Cruz de la Sierra -intervención localizada según información oficial del municipio en las calles Sucre y René Moreno, con conexión hacia la Manzana 1 y la Catedral- merece un análisis desde la disciplina de la planificación del patrimonio.

Indudablemente, el objetivo de la intervención es compartido por toda la ciudadanía. La necesidad de reactivar nuestro centro histórico, priorizar al peatón, y mejorar sus condiciones de habitabilidad es indiscutible y urgente. La preocupación radica en la metodología con la cual se están llevando adelante estas propuestas.

De la visión integral a la intervención fragmentada

Todo centro histórico requiere un Plan Maestro como instrumento rector. En la práctica internacional, desde los Planes de Manejo de Lima y Quito hasta las directrices de entidades como la UNESCO o ICOMOS para centros históricos urbanos, se entiende que una intervención puntual solo tiene sentido si forma parte de un sistema mayor.

En nuestro caso, hemos asistido a una mutación discursiva que debilita esa sistemática: se habló inicialmente de corredores verdes estructurantes que dividirían el área central en cuatro cuadrantes; luego, de una intervención piloto en las calles Sucre e Independencia; y finalmente, de una intervención en las cuadras de las calles Sucre y René Moreno, en la esquina más icónica de nuestra Plaza Principal.

Un proyecto integral de centro histórico debe exponer como mínimo ciertos componentes básicos y transversales, como por ejemplo, un diagnóstico de movilidad y accesibilidad y un estudio de capacidad de carga patrimonial, además de un relevamiento de usos de suelo y vacíos, análisis de economía urbana y una propuesta técnica de gestión de infraestructuras para el soterrado de cables, drenaje pluvial, nivelación de aceras, accesibilidad universal, etc.

No menos importante en términos de sostenibilidad, es el contar con un modelo de gestión y mantenimiento. Cuando todos esos componentes no se exponen de manera pública, la intervención se percibe como una propuesta improvisada que puede perder con ello legitimidad técnica ante la ciudadanía y los colegios profesionales.

La socialización como componente técnico, no como trámite burocrático

El segundo punto crítico es el modelo de gestión social del proyecto. En la planificación patrimonial contemporánea, la socialización no es una etapa de comunicación que se presenta al final del proceso de diseño; es, más bien, parte constitutiva del mismo.

La metodología establece al menos tres niveles de socialización que en esta propuesta, cuya data viene desde gestiones anteriores, al parecer están ausentes, especialmente el último.

a) Participación consultiva, con la realización de talleres previos al anteproyecto con actores clave como vecinos residentes, frentistas comerciales, gestores culturales, colegios profesionales y universidades.

b) Participación informada, que implica el acceso público a la línea de base, a las alternativas evaluadas y a los criterios de decisión.

c) Validación con retroalimentación, mediante mecanismos que permitan incorporar mejoras en las etapas previas a la licitación y ejecución.

Cuando este proceso tan importante como necesario se omite por temor a la crítica, se produce lo que hemos visto en las últimas intervenciones del centro histórico desde hace varios años: un ciclo de interacción ofensivo-defensivo entre el gobierno municipal y la ciudadanía. Un círculo vicioso donde la administración anuncia, la ciudadanía reacciona por no contar con información suficiente, la administración se repliega y defiende la propuesta, y el proyecto avanza sin capital social.

Este ciclo no solo genera rechazo; va minando la credibilidad institucional necesaria para sostener políticas de largo plazo, que es exactamente lo que un centro histórico exige. Por supuesto que el gran perdedor en todo esto es el mismo centro histórico.

Una posible vía para cualificar el proceso

Esta reflexión no busca detener la intervención, sino encontrar el modo de cualificarla para garantizar su éxito y ejecución en términos sólidos de gobernanza. Para ello, se puede seguir esta ruta de avance real:

Primero: Transparentar el proyecto del Plan Integral mediante la publicación del documento técnico base, con su memoria descriptiva, planos, estudio de impacto y presupuesto desglosado.

Segundo: Implementación inmediata del Comité Técnico del Centro, con la conformación de la sociedad civil organizada como Colegio de Arquitectos, Universidades, Asociaciones del Centro Histórico, gestores culturales y juntas vecinales para evaluar y validar el proyecto.

Tercero: Definir la fase piloto como instancia de evaluación de la pertinencia de la propuesta. Siendo las calles Sucre y René Moreno parte de la fase 0, se debe contar con indicadores claros y medibles, como ser: flujo peatonal, percepción de seguridad, variación de dinámica comercial, estado de conservación del entorno construido, etc. Además, al ser una fase piloto, las intervenciones no deben ser estructurales, sino más bien entendidas como un ejercicio de urbanismo táctico bien ejecutado, con un plazo de evaluación de seis meses antes de escalar a otros ejes.

El centro histórico es el bien colectivo más frágil y valioso que tiene nuestra ciudad. No se debería admitir intervenciones basadas en impulsos emocionales o presiones de ningún tipo. Sí debe contar con una gestión patrimonial rigurosa, con continuidad si cabe, o revisión coherente y responsable, más allá de los ciclos políticos.

Cualquier intervención pública no debería generar críticas, sino más bien, un sentido de apropiación por parte de la comunidad. Solo cuando los ciudadanos sienten que el centro también es su proyecto, lo cuidan, lo aplauden y lo defienden.

Es muy valorable que desde el gobierno municipal se generen propuestas e intervenciones orientadas a revitalizar nuestro centro histórico. Esta voluntad política es fundamental para lograr el tan ansiado cambio que se espera desde hace mucho tiempo.

Esta puede ser la gran oportunidad para el inicio de un proceso de gobernabilidad y gobernanza ejemplar, técnicamente sólido, transparente y profundamente participativo, que es lo que como ciudadanía esperamos, necesitamos y estaremos siempre dispuestos a acompañar.

Por Marina Claudia Bonino, arquitecta y doctorante en Ciencias del Hábitat, integrante del Comité Impulsor del Centro Histórico de Santa Cruz de la Sierra y presidente de la Sociedad de Estudios del Patrimonio Arquitectónico – SEPA.


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