Los arquitectos solemos diseñar calles, edificios, plazas y reglamentos para nuestras ciudades. Pero las personas no viven en un mundo bi-dimensional, abstracto; no viven dentro de planos, técnica y prolijamente dibujados. 

Las personas viven experiencias. Viven recuerdos. Viven emociones. Viven percepciones. Viven identidad.

Y eso me hace pensar que, en el fondo, una ciudad no es únicamente un conjunto de edificios, con sus calles y aceras, con sus infraestructuras de negocio y servicios.

Una ciudad es una construcción cultural y afectiva. Es un lugar donde una comunidad deposita parte de su memoria colectiva y donde se entrelazan historias y sueños compartidos, donde podemos ser más humanos, más empáticos. Donde podemos y debemos, cuidarnos unos a otros, y generar alegrías y plenitud.

Esa es la intención de las «SERIES TEMÁTICAS» que estoy compartiendo a través de esta red social. Y es también el fruto de mis investigaciones y reflexiones en el Doctorado en Ciencias del Hábitat que estoy realizando, para seguir aprendiendo y enseñando, para aportar con un granito de arena a que nuestra civilizacion no sea sólo una evolución tecnológica, sino, y fundamentalmente, humana. 

Por eso, tus comentarios y apoyo me ayudan a conocer que voy por el camino correcto. Y si lo compartes, mencionando mi autoría, ¡mucho mejor! Por ello, ¡gracias! 

Y porque las utopías, algún día, dejen de serlo.

¿Por qué los Centros Históricos siguen siendo tan importantes?

Con esta primera lámina inicio una nueva serie de reflexiones sobre los desafíos y oportunidades de nuestros centros históricos, tomando como referencia muchas de las problemáticas y potencialidades que encontramos en Santa Cruz de la Sierra y en numerosas ciudades latinoamericanas.

En muchas ciudades, los centros históricos enfrentan procesos de deterioro, despoblamiento y pérdida de actividad urbana. Sin embargo, siguen siendo espacios fundamentales para comprender quiénes somos y cómo hemos construido nuestra identidad colectiva.

El centro histórico no es solamente un conjunto de edificios patrimoniales. Es el lugar donde se encuentran la memoria, la cultura, el comercio, el espacio público y la vida cotidiana. Sus calles cuentan nuestras historias. Sus plazas conservan nuestros recuerdos. Sus edificios son testimonios de generaciones que soñaron y construyeron la ciudad antes que nosotros.

Cuando un centro histórico pierde sus habitantes o su vitalidad, no solo se deteriora el patrimonio físico; también se debilita una parte importante de la identidad urbana y social.

Revitalizar un centro histórico no se trata únicamente de restaurar edificios. Se trata de devolverle vida, darle motivos para que la gente quiera vivir allí. Significa, entonces, recuperar espacios para caminar, habitar, reencontrarse y construir comunidad.

Proteger y revitalizar el centro histórico no es mirar hacia el pasado. Es decidir qué ciudad queremos construir para el futuro, desde el reconocimiento de nuestra esencia, la valoración de nuestras raices, y la afirmación de lo que nos hace únicos como ciudad. 

¿Crees que recuperar el Centro Histórico de tu ciudad, es una cruzada que vale la pena realizar? ¿Qué lugar del centro histórico consideras más valioso y por qué?

El despoblamiento: El problema que nadie ve, pero se siente.

Cuando pensamos en el deterioro de un centro histórico, solemos imaginar edificios abandonados, fachadas en mal estado o espacios públicos deteriorados. Sin embargo, el problema suele comenzar mucho antes: comienza cuando las personas dejan de vivir allí.

Con cada familia que se sale del centro no solamente deja una vivienda abandonada; este hecho aparentemente insignificante, implica mucho más: menos actividad urbana en la cotidianidad, menos vigilancia natural, menos encuentros vecinales y menos socialización y vitalidad urbana.

Algunas de las consecuencia en el mediano y largo plazo son, por ejemplo, que las calles pierden su dinámica urbana como redes de transporte vehicular y conexión peatonal; los comercios dejan de contar con servicios para los residentes y se orientan exclusivamente hacia actividades comerciales para el visitante ocasional; la concentración de mayor actividad durante algunas horas del día (horario laboral) y escasa o nula actividad nocturna.

Con todo ello, la sensación de inseguridad aumenta, el espacio público se debilita, y el centro histórico comienza a perder aquello que lo hacía verdaderamente valioso: su comunidad.

Es por esto que los planes de revitalización de un centro histórico no pueden limitarse a restaurar edificios, o mejorar calles y plazas solamente. También deben plantearse cómo atraer a nuevos habitantes; cómo generar condiciones adecuadas y atractivas para vivir y cómo recuperar la vida cotidiana que le daba sentido a ese corazón fundacional de la ciudad.

Un centro histórico puede encarar tareas para conservar sus edificios patrimoniales, realizar proyectos de urbanismo táctico, acupuntura urbana, promover actividades socio-culturales, etc. etc… pero la experiencia muestra que sin personas que lo habiten, difícilmente podrá mantenerse vivo.

¿Crees que el centro histórico de tu ciudad ha ganado o perdido habitantes en las últimas décadas? ¿Qué factores consideras que han influido en ello?

Sin vivienda no hay Centro histórico vivo

Todos coincidimos en que muchos Centros Históricos necesitan volver a llenarse de vida. Necesitan más habitantes, más actividad cotidiana, más vivienda y más presencia ciudadana. Sin repoblamiento, difícilmente se puede hablar de una revitalización real.

¿Cómo densificarlo sin poner en riesgo las edificaciones patrimoniales que le dan identidad?

En muchos centros históricos latinoamericanos se cometió el error de asumir que densificar significaba simplemente incrementar la cantidad de niveles de las nuevas edificaciones. Hoy sabemos que existen formas mucho más inteligentes y compatibles con la preservacion del patrimonio.

En el caso de Santa Cruz de la Sierra, gran parte del patrimonio construido posee una enorme fragilidad estructural, debido a los materiales y las tecnologías constructivas con las cuales se edificaron, como ser: muros portantes de adobe y tabique; horcones y estructuras de madera de cuchi o mara; cubiertas livianas de tejas de arcilla; cimentaciones superficiales y ausencia de elementos rígidos de hormigón armado.

Este tipo de edificaciones, sobre todo en el caso de la vivienda tradicional, fueron concebidas para una ciudad de baja densidad y cargas reducidas. Aún los edificios patrimoniales de épocas posteriores, mantuvieron estas mismas tecnologías y sólo modificaron la altura (entre dos y 4 niveles) y la incorporación de nuevos lenguajes y ornamentación en las fachadas.

Cuando en un mismo lote o lote contiguo se pretende construir un edificio de varios pisos, en un intento de «densificar» el centro, es casi seguro que este hecho puede incidir y afectar directamente a las edificaciones antiguas, con las excavaciones profundas en el caso de subsuelos y fundaciones, los movimientos vibratorios del uso de maquinaria pesada; la ineludible alteración del comportamiento hídrico del suelo y asentamientos diferenciales por el movimiento de tierra, entre otros. 

Además, como consecuencia directa de las nuevas edificaciones, efectos como la sobrecarga urbana en las vías, la pérdida de asoleamiento y ventilación adecuados y, principalmente, la ruptura de la escala histórica del paisaje urbano, son inevitables.

Muchas veces el patrimonio no desaparece por demolición directa, o por deterioro natural, sino por los daños acumulativos que se van sumando durante los procesos constructivos vecinos.

Una política de repoblamiento que opta por la verticalización de las edificaciones, podría terminar destruyendo aquello que se intenta revitalizar.

Por ello, esta planificacion no debería apostar unicamente por la construcción de nuevos edificios (y mucho menos de gran altura, como algunos pretenden), sino más bien, generar estrategias para densificar las edificaciones preexistentes. En el caso del Centro Histórico cruceño, como muchos otros, se puede aumentar significativamente la población sin necesidad de llenarlo de torres.

Estrategia 1: Densificación por reutilización del patrimonio existente.

Antes de construir nuevos edificios, debería agotarse el potencial de ocupación de los inmuebles existentes.

Estrategia 2: Densificación por ocupación de vacíos urbanos.

No todos los lotes del centro tienen valor patrimonial. Existen muchos terrenos baldíos, lotes destinados a estacionamientos y muchos predios degradados sin valor historico. Bajo el principio de «construir donde no existe patrimonio, para proteger el patrimonio existente.», se podría ajustar la norma constructiva contemplando gradientes de altura, tomando en cuenta los criterios ya establecidos, por ejemplo, respetando el perfil urbano de los edificios patrimoniales.

Estrategia 3: Repoblamiento por diversidad residencial

Un error frecuente es pensar que la revitalización depende exclusivamente del mantenimiento de las familias tradicionales.

Los centros históricos exitosos albergan estudiantes, adultos mayores, jóvenes profesionales, artistas, investigadores, turistas de larga estadía y familias pequeñas. Cada uno de estos grupos requiere de tipologías diferentes y esta mezcla social es garantía de actividad permanente.

En síntesis, el repoblamiento del Centro Histórico de Santa Cruz de la Sierra y de otros casos similares, no depende necesariamente de la verticalización intensiva, sino de la capacidad de incrementar la población residente mediante la reutilización adaptativa del patrimonio, la ocupación estratégica de vacíos urbanos y la densificación compatible con los valores históricos y constructivos del tejido tradicional.

La gestión municipal, en vez de centrarse en cuántos pisos se pueden construir, debería plantearse cuántos habitantes se pueden incorporar, sin comprometer la autenticidad y la integridad del patrimonio urbano arquitectonico, social, cultural e histórico.

Desde la perspectiva de la conservación urbana contemporánea, esta opción suele producir mejores y más efectivas propuestas de revitalización urbana. Y, para un centro histórico tan frágil y singular como el de Santa Cruz de la Sierra, probablemente sea también la propuesta más ética y responsable.

¿Qué opinas sobre densificar tu Centro histórico? ¿Se podrá aumentar su poblacion, sin destruir su paisaje urbano tradicional?

Caminar es volver a habitar el Centro

Es indudable que las ciudades no se experimentan de igual manera desde un automóvil que desde una acera. Cuando caminamos, la ciudad cambia de escala: la escala humana.

Sólo caminando podemos observar los edificios, reconocer los detalles, saludar e interactuar con otras personas. Descubrimos comercios, disfrutamos de la sombra de un árbol o nos detenemos en una plaza.

Caminar no es solamente una forma de desplazarse. Es una forma de vivir la ciudad.

Por eso, los centros históricos más dinamicos y sociables del mundo, son aquellos que ofrecen espacios agradables para recorrer, permanecer y encontrarse. Aquellos que cuentan con calles cómodas, seguras, accesibles y atractivas, que invitan a las personas a transitarlas.

Cuando un centro historico invita a caminar, se llena de gente, y con ello, también regresan la actividad económica, la vida urbana y el sentido de comunidad.

Sin embargo, caminar no depende únicamente de cerrar las calles al tráfico vehicular. Depende de construir espacios públicos de calidad, con sombra, iluminación, accesibilidad, actividad y seguridad.

La revitalización de un centro histórico comienza cuando sus calles vuelven a ser «lugares para las personas».

Una ciudad no se conoce atravesándola con un automóvil, o un medio de transporte público. Se la conoce e interpreta recorriéndola. Éso lo han entendido los turistas, que lo hacen de forma natural en los lugares que visitan. Hay que promover esta conducta y estilo de vida urbana en los residentes también. Además de resultar en un plus para la salud de quienes adoptan el hábito de caminar, es una experiencia que vale la pena realizar.

¿Cuál es la calle o recorrido peatonal que más disfrutas en tu ciudad y qué lo hace especial?

Movilidad y calidad urbana

La pregunta que buscamos responder hoy es la siguiente: ¿Es posible mejorar la movilidad, sin sacrificar la calidad urbana?

En muchos centros históricos, el debate suele plantearse como una elección entre vehículos o peatones; accesibilidad o espacio público; circulación o permanencia. Sin embargo, consideramos que el verdadero desafío no consiste en elegir un extremo en detrimento del otro, sino en encontrar el equilibrio entre ambos.

Los centros históricos, por su naturaleza, necesitan ser accesibles. Para ello, necesitan transporte público eficiente que permita la llegada y salida adecuada de residentes, trabajadores, visitantes, y el desenvolvimiento eficiente de sus actividades económicas y de servicio.

Pero también necesitan calles agradables para caminar, espacios para el encuentro, visibilidad y valorización del patrimonio urbano-arquitectonico con recorridos a escala humana y entornos que inviten a permanecer.

Si la movilidad se convierte en el único criterio para el diseño urbano, la ciudad indiscutiblemente, pierde parte de su riqueza. Por el contrario, cuando se ignoran las necesidades de accesibilidad, las intervenciones que se pretenden realizar, pueden generar nuevos conflictos.

Revitalizar un centro histórico implica comprender que un plan de movilidad urbana no es un objetivo en sí mismo. Este plan, bien concebido, es una herramienta útil para construir una ciudad más habitable, más inclusiva, más hospitalaria y más humana.

Cada calle requiere soluciones acordes a su contexto, su historia, su imaginario colectivo, sus actividades y las necesidades, requerimientos y expectativas de las personas que la utilizan.

No existen recetas universales. Lo que sí existe, son centros historicos diferentes que necesitan respuestas inteligentes y sensibles a su realidad. Un buen Centro Histórico no es aquel que permite una circulación más rápida, es aquel que permite a sus habitantes vivir mejor, y a sus visitantes, tener una experiencia urbana gratificante y placentera.

¿Cuál es tu experiencia sobre las peatonales en tu ciudad? ¿Crees que algunas calles del Centro Histórico deberían priorizar a los peatones, o a los vehículos? ¿Cuáles y por qué?

Comercio, sí. Monocultivo comercial, no.

A primera vista, una gran concentración de comercios en una zona en particular, puede parecer una señal de dinamismo y prosperidad. Sin embargo, cuando un único tipo de actividad comienza a desplazar a las demás, el area central pierde equilibrio. El titulo de la presente entrega es una metáfora del ambito agrícola; resume muy bien el daño que el monocultivo hace a la economía y a la propia producción.

Es sin vuelta: cuando un centro histórico pierde diversidad en su dinamismo urbano, comienza a perder vida. Poco a poco desaparecen las viviendas, sus últimos residentes se encierran y las oficinas cierran al terminar la jornada. Los locales comerciales bajan sus cortinas de seguridad, y las calles, que durante el día estaban llenas de movimiento, quedan prácticamente vacías por la noche.

Si se piensa que el problema que aquí se plantea, es el comercio, no es así, más bien es todo lo contrario: edtamos cinvencidos de que el comercio es uno de los grandes motores de la dinamica urbana.

El problema aparece realmente, cuando el Centro Histórico deja de ser un lugar para vivir, estudiar, trabajar, encontrarse, disfrutar de la cultura y compartir el espacio público, para convertirse casi exclusivamente en un lugar donde se compra y se vende o se prestan servicios sólo en el «horario comercial».

Un centro urbano vitalizado es aquél que tiene una mayor diversidad de usos y de personas. Por eso, la revitalización de nuestro centro histórico no depende únicamente de restaurar sus edificios o mejorar sus calles; también requiere de políticas públicas que promuevan el equilibrio entre vivienda, comercio, servicios, cultura, educación, recreación y espacios de encuentro.

Planificar no implica limitar el desarrollo económico de un sector urbano. Significa orientar el crecimiento para que, en este caso, el área central siga siendo un lugar donde siempre haya alguien (o muchos) residiendo, trabajando, caminando, disfrutando, compartiendo y cuidando la ciudad.

Y eso se logra, entre otras acciones, por supuesto, estableciendo reglas claras en las licencias de funcionamiento que gestiona la entidad gubernamental, en este caso, el gobierno municipal. Promoviendo con estímulos normativos, alianzas publico-privadas, y compensaciones impositivas y fiscales la generación de actividades diversificadas.

Un Centro Histórico se revitaliza cuando una visión y compromiso compartido dirige las acciones dentro de una planificación integral para lograr el objetivo. Sin esa visión, el lugar más icónico de la ciudad, se convierte rápidamente en «tierra de nadie» literalmente.

En el centro histórico de la ciudad, ¿qué actividad crees que está predominando? ¿Qué usos hacen falta para que vuelva a ser un lugar más vivo y equilibrado?

Cuando el Centro Histórico se apaga, la ciudad pierde una parte de su espíritu

En esta nueva entrega de la serie, el protagonista ya no es el espacio urbano, sino el tiempo. El paso del día a la noche nos invita a reflexionar sobre cómo cambia la percepción de la ciudad, cómo se transforman las actividades y cómo una misma calle puede sentirse acogedora o vacía según las decisiones de su planificación.

Todos hemos experimentado alguna vez esa extraña sensación de que una ciudad cambia completamente cuando cae la noche. Además de cambiar la luz y quedar todo ensombrecido, cambia el ánimo, la percepción, los sonido, el ritmo… y, en muchos casos desaparece también la sensación de seguridad y pertenencia.

Esa dimensión temporal es muy importante tomarla en cuenta cuando se busca revitalizar un Centro Histórico. 

Existen Centros Historicos que nunca dejan de sentirse vivos. Se podría pensar que es porque cuentan con más edificios, más calles o más comercios; pero un aspecto fundamental es porque la vida urbana continúa cuando cae el sol.

En muchos centros históricos latinoamericanos ocurre exactamente lo contrario; al terminar la jornada laboral, los comercios se van cerrando, las oficinas se van quedando vacías y las calles comienzan a sentirse despobladas. Poco a poco van desapareciendo el sonido de las conversaciones, las luces en las ventanas… en fin, el movimiento cotidiano del día.

Con esas ausencias también va cambiando nuestra percepción del lugar, nos sentimos menos seguros y por ello, queremos escaparnos de allí lo más pronto posible. 

No es la intención de este analisis que el corazón de la ciudad permanezca «despierto» toda la noche como la condición para que se perciba vital; lo que si se necesita es mantener un equilibrio de actividades que le permita seguir respirando vida cuando termina el horario comercial.

Este equilibrio implica la presencia de actividad residencial dinámica, como también de pequeños restaurantes, cafés, centros culturales y una variedad de actividades recreativas, ademas, por supuesto, de una iluminación adecuada y espacios públicos acogedores que logren en conjunto prolongar la vida urbana mucho más allá del final del día. 

Cuando un centro histórico se apaga al anochecer, el corazón de la ciudad pierde una parte de su espíritu y las personas también de algún modo, dejan de existir.

¿Recuerdas alguna calle o plaza de tu ciudad que durante el día esté llena de vida y por la noche quede completamente vacía?
¿Por qué crees que ocurre?

El patrimonio no es un museo; es una oportunidad para el futuro

¿Y si el patrimonio urbano no fuera solamente lo que heredamos del pasado, sino la infraestructura sobre la cual construimos el presente, y mejor aún, el futuro?

Los Centros Patrimoniales no pueden concebirse como un objeto museístico, inerte, que solo sirve para visitar, por el contrario, deben ser vistos como un lugar para habitar; como un componente vivo de la ciudad, capaz de generar identidad, cohesión social y nuevas oportunidades para la sociedad. Esta percepción tiene una raíz profundamente contemporánea y, al mismo tiempo, muy respetuosa con la memoria histórica del lugar, y puede marcar la diferencia en el tipo de políticas públicas destinadas a promover su recuperación.

Con demasiada frecuencia se ha interpretado el patrimonio como un conjunto de edificios antiguos que deben permanecer inamovibles para conservar su valor histórico. Sin embargo, la experiencia nos muestra que un centro histórico no se revitaliza convirtiéndolo en un museo, sino cuando sus edificios vuelven a formar parte activa de la vida cotidiana.

En este sentido, el verdadero patrimonio es aquel que se convierte en «memoria viva» aquel que se sigue utilizando, protegiendo y manteniendo en pie para conocimiento, valoración y uso de las presentes y nuevas generaciones.

Cuando se rehabilita un edificio patrimonial con respeto y criterio arquitectónico, no se altera su esencia, más bien, se está brindando la posibilidad de que continúe escribiendo nuevas historias: una antigua vivienda puede volver a ser habitada, así como un edificio histórico puede albergar un café, una biblioteca, un centro cultural, un espacio de innovación, o, por qué no, un hotel-boutique o un centro de enseñanza para la comunidad.

La conservación, lejos de detener el tiempo, permite brindarle al patrimonio la oportunidad de seguir siendo útil para la ciudad. Ése es el mejor reconocimiento, el mejor homenaje que una sociedad puede hacer a su memoria histórica. La revitalización de un centro urbano comienza cuando comprendemos que proteger el patrimonio no significa encerrarlo en el pasado, sino permitirle que forme parte del presente y si lo hacemos bien, del futuro.

Si tuvieras la oportunidad de recuperar un edificio histórico de tu ciudad, ¿qué nuevo uso le darías para que siguiera siendo útil sin perder su esencia?

Un Centro Histórico para todas las personas

Cuando pensamos en revitalizar un centro histórico, solemos hablar de edificios, patrimonio, movilidad, comercio o turismo, pero pocas veces nos hacemos la pregunta más importante ¿para quién estamos recuperando este espacio tan importante de la ciudad?

Un centro histórico verdaderamente vivo 
es el que sirve y contiene a todos: a los niños que descubren la ciudad jugando; a los adolescentes que encuentran espacios para reunirse y expresarse; a los adultos que trabajan, emprenden y disfrutan de la vida urbana; a los adultos mayores que necesitan caminar con tranquilidad, descansar bajo la sombra y sentirse seguros; a las personas con discapacidad, que tienen el mismo derecho a recorrer la ciudad con autonomía y dignidad.

El corazón de la ciudad es para quienes viven allí. Para quienes trabajan. Para quienes lo visitan por primera vez. Y también para quienes, simplemente, desean sentarse unos minutos en sus plazas a contemplar la vida pasar.

Un Centro Histórico inclusivo no aparece por casualidad. Es el resultado de una visión de ciudad que decide poner a las personas en el centro de sus decisiones. Revitalizar el centro histórico es construir lugares donde todas las generaciones puedan convivir, encontrarse y reconocerse como parte de una misma comunidad.

Piensa en el centro histórico de tu ciudad. ¿Qué crees que hace falta para que un niño, un adulto mayor o una persona con discapacidad puedan disfrutarlo con la misma libertad y seguridad que cualquier otra persona?

No estamos recuperando edificios. Estamos recuperando la ciudad.

Llegamos al final de esta serie.

Durante las 9 láminas precedentes, hablamos de patrimonio, vivienda, movilidad, espacio público, comercio, diversidad, inclusión… Pero lo cierto es que siempre estuvimos hablando de algo transversal, mucho más importante: de las personas.

Un Centro Histórico no es solo sus edificios, es un espacio vital gracias a quienes lo caminan, lo habitan, lo cuidan, lo disfrutan y lo sienten como propio.

Desde distintas ópticas, descubrimos que los centros históricos no se revitaliza solamente restaurando fachadas, sino cuando los vecinos vuelven a ocupar sus casas; cuando los niños juegan en las plazas; cuando los adultos mayores pueden caminar con tranquilidad; cuando una persona con discapacidad puede recorrer las calles con autonomía; cuando el patrimonio deja de ser un recuerdo del pasado y vuelve a formar parte activa de la vida cotidiana; cuando las calles permanecen despiertas también al anochecer; cuando el comercio convive en armonía con la vivienda, la cultura, la educación, la gastronomía y los espacios de encuentro.

Y, sobre todo, cuando cada persona siente que ese lugar también le pertenece y se siente segura y contenida en él.

Eso es, para mí, un Centro Histórico Vivo.

Por eso, les propongo lo siguiente para cerrar esta serie:

PEQUEÑO MANIFIESTO DEL CENTRO HISTÓRICO

1. Creo en los centros históricos habitados antes que vacíos.
2. Creo que conservar también significa adaptar y dar nuevos usos.
3. Creo en calles donde caminar vuelva a ser una actividad placentera.
4. Creo en plazas llenas de niños, jóvenes, adultos y personas mayores compartiendo el mismo espacio.
5. Creo en un centro histórico donde la diversidad sea una fortaleza y no una excepción.
6. Creo en un patrimonio que impulsa el futuro sin perder su memoria.
6. Creo en espacios públicos que invitan a quedarse, conversar y construir comunidad.
7. Creo que la mejor forma de cuidar un centro historico, es hacer que las personas vuelvan a quererlo.
8. Y creo, profundamente, que recuperar el centro histórico, es recuperar una parte fundamental de nuestra identidad.

Quiero agradecer a todas las personas que acompañaron esta serie, comentaron, compartieron sus experiencias y enriquecieron cada publicación con sus opiniones, dandole un «me gusta» o compartiendolas.

Las ciudades se construyen con proyectos y con decisiones técnicas, es muy cierto; pero también lo hacen con conversaciones como éstas, que invitan a reflexionar, entender el problema, y consensuar soluciones posibles.

Si esta serie logró que alguien vuelva a caminar por su centro histórico con una mirada diferente, entonces todo este trabajo habrá valido la pena. Las grandes transformaciones comienzan cuando aprendemos a mirar de otra manera aquello que siempre estuvo frente a nosotros.

¡Sigamos imaginando ciudades más humanas. Más inclusivas. Más vivas!
El futuro de nuestros centros históricos todavía está en nuestras manos.

¿Qué sueñas para el Centro Histórico de tu ciudad? (No importa si eres arquitecto, comerciante, estudiante, vecino o simplemente alguien que guarda buenos recuerdos de ese lugar.)

Me encantará leer tu respuesta.

Por Marina Claudia Bonino, arquitecta y doctorante en Ciencias del Hábitat, integrante del Comité Impulsor del Centro Histórico de Santa Cruz de la Sierra.


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