
Santa Cruz de la Sierra está perdiendo su corazón. Y lo está perdiendo en silencio, frente a nuestros ojos, de manera sistemática y casi resignada.
Quienes caminamos todavía por el centro histórico -por esas calles donde crecimos, donde estaban el colegio, la plaza, la casa de los abuelos- vemos la misma postal todos los días: fachadas que se desmoronan, casas patrimoniales convertidas en depósitos, aceras intransitables, cables que tapan el cielo, veredas ocupadas y una sensación profunda de abandono. Lamentablemente, no es una percepción, es un deterioro permanente, documentado y progresivo.
¿Pero por qué hemos llegado hasta esta situación? Por dos razones que tenemos que exponer con claridad:
La primera, es la falta de gestión sostenida de las instancias de gobierno, de acuerdo a sus competencias. Durante años el centro ha sido visto como un problema administrativo y no como la oportunidad cultural, social y económica que realmente es. Se han hecho ordenanzas, planes y discursos, pero sin continuidad, sin recursos destinados a problemas reales y sin una visión integral.
La segunda razón es más penosa de reconocer, pero es la más importante: el propio desinterés de los cruceños como ciudadanía. Hemos dejado de sentir el centro como nuestro. Las dinámicas del urbanismo moderno nos llevaron a expandirnos, a mudarnos a nuevos centros urbanos, a llevar el comercio, la gastronomía y los servicios a otras zonas. Ese desplazamiento es natural en toda ciudad que crece, pero lo que no es natural es que, en ese proceso, hayamos abandonado el lugar que alberga nuestra memoria histórica y social.
En la actualidad, los escasos residentes del centro son, en su mayoría, adultos mayores. Personas que resistieron, que se quedaron custodiando sus casas, mientras sus hijos y nietos migraban a otras zonas. El resto de las viviendas está ocupado por emprendimientos comerciales y de servicios que, en todo su derecho, están de paso. Se quedan mientras el negocio funciona y se van cuando deja de funcionar. Es lógico que no desarrollen un sentido de pertenencia con el lugar y tampoco se les puede pedir que amen y valoren una casa que no es la suya. Pero sin familias que habiten, sin vecinos que cuiden, ningún centro histórico sobrevive en el mundo.
Frente a este diagnóstico que todos conocemos, un grupo de profesionales nos hemos convocado para conformar el Comité Impulsor del Centro Histórico de Santa Cruz de la Sierra. Somos arquitectos, urbanistas, artistas, gestores culturales, sociólogos, investigadores, historiadores y vecinos. Nos une una sola preocupación: hacer gestión de forma proactiva y comprometida, por nuestro centro.
En este sentido, es necesario ser muy claros sobre lo que este Comité ES y sobre todo, lo que NO ES, porque en estos días han surgido susceptibilidades que entendemos y respetamos profundamente.
Este Comité no nace para competir con nadie. No nace para invalidar el trabajo de personas y agrupaciones que, durante años -a veces décadas-, han batallado solas por esta misma causa con mucho más sacrificio que nosotros. Su lucha es valiosa y es parte de la historia que queremos honrar.
Sabemos que muchos de ellos hoy miran con desconfianza esta nueva convocatoria y se preguntan si somos una amenaza o simplemente “más de lo mismo”. Es una reacción humana y legítima después de tantas puertas cerradas y tantas intenciones que quedaron en el camino sin concretarse.
Nos permitimos hacer una lectura honesta de por qué esos intentos previos, a pesar de su nobleza, no lograron los resultados esperados. No fue por falta de capacidad de sus impulsores. Fue, por un lado, por la indiferencia de los gobiernos de turno, principalmente del ente municipal, y por otro, y quizás el más determinante, por la falta de apropiación ciudadana. Una cruzada por el centro histórico no puede ser de un grupo de expertos decidiendo desde un escritorio; tiene que ser un movimiento de la gente. Si la población no siente su Centro Histórico como una prioridad, ningún decreto lo podrá salvar.

Por eso, este Comité Impulsor nace con una propuesta diferente:
1. No somos dueños de la causa. Somos articuladores. Nuestra función no es imponer un plan, sino aglutinar. Queremos ser una mesa donde se sienten todos los que quieran sumarse a esta cruzada: el municipio, la gobernación, la universidad, el colegio de arquitectos, los fraternos, los vecinos, los comerciantes, los jóvenes. Bajo lineamientos claros y técnicos, pero con puertas abiertas.
2. No venimos a quejarnos. Venimos a proponer. El diagnóstico ya lo sabemos de memoria. Es hora de pasar a las propuestas: mesas de trabajo por temas concretos – habitabilidad, patrimonio, seguridad, movilidad, incentivos para la vivienda, economía naranja-, proyectos piloto de pequeña escala que demuestren que sí se puede, y sobre todo, un trabajo sostenido de formación y educación ciudadana. Tenemos que volver a enseñarles a nuestros hijos y nietos por qué importa una casona de horcones, por qué importa una acera con la sombra de una galería, por qué es bueno vivir en el centro.
3. Creemos en un centro vivo, no en un museo. No queremos congelar el centro histórico. Queremos que vuelva a ser habitado. Un centro donde la gente quiera vivir, no solo trabajar de 8 a 18. Donde haya vivienda digna, seguridad, servicios, cultura, arte y gastronomía con identidad. Un centro con movimiento económico, sí, pero con sentido de lugar. La recuperación no pasa sólo por pintar fachadas; revitalizarlo es repoblarlo de vida.
Estamos convencidos de que recuperar nuestro centro es recuperar nuestros orígenes. Santa Cruz no puede seguir dándole la espalda a su trazado fundacional, a su damero, a esa forma de construir ciudad que nos enseñó a convivir con el clima, con el vecino, con el patio familiar y con la sombra de un ancho corredor. Sabemos que son muchos los problemas y que nadie tiene la varita mágica. Pero también sabemos que ninguna ciudad del mundo recuperó su centro histórico peleándose entre todos los que, en definitiva, quieren lo mismo; se logró cuando todos asumieron que era una causa común.
Por eso hacemos una invitación pública y transparente: a las agrupaciones históricas, a los colectivos que nos antecedieron, a las instituciones públicas y privadas, a los vecinos que aún viven en el centro y a los que por algún motivo se fueron, pero lo extrañan. Súmense. No para seguir a este comité, sino para sumarse a esta cruzada que es de todos.
El corazón de Santa Cruz todavía late. Está débil, está deteriorado, pero late. Todavía estamos a tiempo de volverlo a la vida, para que siga siendo el núcleo más importante, el más querendón y el más cruceño de toda la ciudad.
Por Marina Claudia Bonino, arquitecta y doctorante en Ciencias del Hábitat, integrante del Comité Impulsor del Centro Histórico de Santa Cruz de la Sierra.
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